Alberto Espina, ministro de Defensa

El crecimiento exponencial del narcotráfico y el crimen organizado en Chile comienza a tener algunas explicaciones. Tal vez la principal de todas, y por cierto la más inquietante para las personas y el futuro social, es su imbricación con el aparato del Estado. No sólo de algunos funcionarios menores, como un alcalde financiado por bandas de narcos, y que tanto escándalo generó en su momento entre la clase política y las elites, sino por quienes ostentan el privilegio del uso de las armas.