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                          Hacia la guerra civil en Venezuela

Raúl Zibechi

enero 2019

Cuando Donald Trump decidió retirar las tropas de Siria, en diciembre pasado, lo hizo porque ya tenía decidido abrir un nuevo frente de batalla. Ese nuevo frente, hoy lo sabemos sin la menor duda, es América Latina. Aunque la primera trinchera sea Venezuela, el plan del Pentágono consiste en afirmar el control de su patio trasero en momentos en que el dominio geopolítico global atraviesa una crisis sin precedentes.

En efecto, Estados Unidos no está en condiciones de librar guerras en Asia. No ya contra China, sino siquiera contra el régimen de Corea del Norte, una dictadura oprobiosa con la cual está negociando desde hace más de un año.

Tampoco puede mantener en pie su intervención militar en Oriente Medio, puesta a la defensiva por el despliegue militar de Rusia e Irán. La estrepitosa derrota que cosecharon quienes quisieron impulsar la caída de Bashar al Asad, mediante la intervención neocolonial de Francia e Inglaterra sumadas a la del Pentágono, será una lección difícil de olvidar para sus generales.

¿Por qué América Latina? En este continente se juega el dominio global de la superpotencia que ya no puede seguir siendo, como lo fue desde 1945, la que ponía orden en el tablero global. Empezar por Venezuela es hacerlo por el eslabón más débil, como suponen los estrategas de Washington. El régimen cuenta sólo con el apoyo de un sector de la población, probablemente un tercio, y de una parte de las fuerzas armadas, imposible de cuantificar.

En Venezuela, además, las elecciones son ilegítimas y apenas una excusa para mantener en pie la fachada de una democracia inexistente. Nada muy distinto de lo que sucede en Honduras y Guatemala, por ejemplo. Es que el argumento democrático es polvo al lado de las pesadas razones geopolíticas. Para Estados Unidos, el control de la principal reserva petrolera del mundo, pero sobre todo el control del Caribe, son los dos temas centrales que no está dispuesto a debatir.

Nicholas Spykman, el principal geoestratega estadounidense del siglo XX, fue autor de dos libros en los que define la estrategia para la región: America's Strategy in World Politics, publicado en 1942, y The Geography of the Peace, publicado un año después de su muerte, en 1944. En sus trabajos Spykman divide América Latina en dos regiones, desde el punto de vista de la estrategia de Estados Unidos: una primera incluye México, América Central y el Caribe, además de Colombia y Venezuela; y la otra comprende a toda América del Sur, debajo de Colombia y Venezuela.

Según las tesis de Spykman, la primera es "una zona en que la supremacía de Estados Unidos no puede ser cuestionada", se trata de "un mar cerrado cuyas llaves pertenecen a Estados Unidos, lo que significa que México, Colombia y Venezuela quedarán siempre en una posición de absoluta dependencia de Estados Unidos".

En Sudamérica, sigue el estratega, cualquier amenaza a la hegemonía estadounidense vendrá de "A B C" (Argentina, Brasil y Chile). Spykman creía que esos grandes estados "situados fuera de nuestra zona inmediata de supremacía" pueden intentar "contrabalancear nuestro poder a través de una acción común o mediante el uso de influencias de fuera del hemisferio". Si esto sucediera, escribió en America's Strategy in World Politics"tendrá que ser respondida mediante la guerra".

El profesor de ciencia política brasileño José Luis Fiori reflexionaba: "De no haber sido ciertos todos esos análisis, previsiones y advertencias hechos por Nicholas Spykman, parecerían una bravata de algunos de estos 'populistas latinoamericanos', que inventan enemigos externos" (Sinpermiso, 16-XII-07).1

Es evidente que la "democracia" es apenas una excusa en la que nadie cree. En Venezuela convergen intereses geopolíticos que no tienen la menor relación con la oposición izquierda/derecha ni con la democracia. Una guerra civil en nuestro subcontinente es la peor noticia para los pueblos de la región. Pero puede ayudar a Trump a reelegirse en 2020, y con él crecerán los tiranuelos de ultraderecha como Bolsonaro y Duque, y prosperarán los negocios y las grandes multinacionales que cotizan en bolsa.

  1. Las citas del libro de Spykman pertenecen al artículo de Fiori. 

Publicado originalmente en Brecha

Tomado de: https://desinformemonos.org                                                 

 

                              

 

                 Venezuela, un caso de escuela en el tercer milenio

Geraldina Colotti

23 febrero 2019

Venezuela hará de todos modos historia, sea si las condiciones adversas la dominan como le gustaría al imperialismo, sea si puede pasar por este tremendo embudo. En el primer caso, se desencadenaría una situación de consecuencias incalculables, para el continente y más allá. Desde las zonas fronterizas, se activaría un proceso de balcanización, que es uno de los ejes principales del "caos controlado" buscado por el Pentágono. Venezuela sería el nuevo Vietnam de los Estados Unidos. Trump ya anunció que, más tarde, pasaría lo mismo a Nicaragua, seguido de Cuba y Bolivia.

En el segundo caso, la agresión abierta y flagrante del imperialismo estadounidense y sus satélites habrá sido la prueba principal para los nuevos modos de conflicto global, para el nacimiento de un nuevo orden económico.

De ahora en adelante, quienquiera que logre llevar a la victoria un bloque de fuerzas verdaderamente alternativas al capitalismo, tendrá que asumir ese nivel de conflicto, ese nivel de agresión, dentro y fuera del país, un nivel de presión continua que aprovechará todas las brechas para entrar y crear abismos. Ya se había visto parcialmente con Grecia, que había bajado la cabeza antes, cediendo a las amenazas de la Troika.

Venezuela, por el contrario, no tiene la intención de arrodillarse y, si logra vencer, mantendrá una esperanza abierta para aquellos que quieren volver a intentarlo: "Estamos en el mismo epicentro geopolítico que hace 200 años", dijo el ministro de Relaciones Exteriores, Jorge Arreaza. Sin duda, Venezuela será un caso de escuela.

Un ejemplo de lo que aprendió el laboratorio bolivariano en el campo de la "diplomacia de la paz", navegando en el terreno del enemigo con el espíritu del Calibán negro. Un ejemplo en el arte de romper el sitio dividiendo al enemigo, aprovechando a su favor cualquier contradicción.

Una actitud a veces difícil de aceptar para aquellos que desean tomar el atajo. Pero, mientras tanto, contra un umbral crítico alcanzado, ha logrado romper el frente de quienes, incluso en la Unión Europea, simplemente no lograron dar un apoyo explícito a la invasión armada, disfrazada de mala manera como " ayuda humanitaria ". La ayuda vendrá, pero en los intercambios que ya existen con los organismos designados para hacerlo, dijo el gobierno bolivariano. Es un nivel aceptable desde el cual se puede comenzar de nuevo.

La figura del legítimo presidente, Nicolás Maduro, ha despojado al payaso de Trump, Guaidó, de todas las máscaras de Disney, dejándolo en su problemática búsqueda de tropas para alistarse con dólares y mentiras. Hay momentos, se podría decir, en "quien no está conmigo está contra mí", pero otros en los que "quien no está contra mí está conmigo". En este momento, la prioridad es rechazar el frente bélico de las derechas más devastadoras.

Se puede intentar ganar, dice el socialismo bolivariano, sin aceptar el terreno impuesto por el adversario, buscando el diálogo pero sin abandonar los principios: sustrayéndose pero sin escapar, se diría en esta Europa "pensativa", donde se escriben páginas y páginas sobre estos temas, sin ver las implicaciones concretas.

La fuerza del capitalismo y su poder económico, que se basa en la explotación del trabajo, reside en su capacidad de presentarse como abstracto y necesario, a través de la fetichización del mercado en el que se codifican las relaciones humanas. La gran concentración de información monopolística hace que sea difícil pasar otra versión de la dominante, que sirva para distinguir a los amigos de los enemigos y permitirnos elegir de qué lado estar. Venezuela bolivariana rompe esa cortina de humo.

En cambio, en estas "democracias" en las que la gente vota pero para decidir es siempre el capital, donde todo parece posible, pero no para todos, la escena está ocupada por los llamados "hombres fuertes" al estilo de Trump, que no quieren hacer estallar la mesa, solo cambiar las cartas, o los jugadores. No hay nada más peligroso para sus intereses que la existencia concreta de una forma alternativa en la que el voto no es un fetiche del "cretinismo parlamentario", pero es cierto y tiene valor. Y no cambia incluso cuando no confirma los gustos de las clases dominantes.

En enero de 2018, durante el Foro de Davos, el ex primer ministro italiano, Paolo Gentiloni (centro-izquierda), le dijo claramente a Trump: "El cuadro se puede corregir, pero no se puede cambiar".

Para mantener la gran mentira de que no hay alternativas al capitalismo, se configura un escenario global con gran estilo. Con las redes sociales, las emociones son atraídas más que la razón. Los significados se invierten. Uno de los lugares más pobres de Colombia, como la ciudad de Cúcuta, en la frontera con Venezuela, se convierte en el punto de apoyo de la "ayuda humanitaria" … destinada a Venezuela y no a las poblaciones locales. Uno de los estados más criminales y narcotraficante, como los Estados Unidos, se convierte en un exportador de ideales y democracia, y acusa al gobierno bolivariano de "corrupto y narcoterrorista" … Un hombre que nadie ha elegido surge como de una comiquita para desmantelar las instituciones de un país y cancelar veinte años de historia. Un puñado de oligarcas voraces se presentan como liberadores …

Hacer de Venezuela y el socialismo la quintaesencia de la amenaza, sirve para hacer creer que todavía hay una "democracia" que defender, aunque con alguna corrección. Sirve para ocultar el fracaso tanto de la globalización basada en un supuesto "capitalismo inclusivo" como del modelo cerrado y autoritario de los "multimillonarios enfurecidos".

Marx escribió en el primer libro del Capital sobre la acumulación capitalista: "Al capital le horroriza la ausencia de beneficio. Cuando siente un beneficio razonable, se enorgullece. Al 20%, se entusiasma. Al 50% es temerario. Al 100% arrasa todas las leyes humanas y al 300%, no se detiene ante ningún crimen. Si el tumulto y las peleas traen ganancias, alentará a uno y a las otras".

Este material se comparte con autorización de Resumen Latinoamericano

https://desinformemonos.org/venezuela-un-caso-de-escuela

 

                

                                        

     n° 508

28/02/2019

Frida Khalo