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Nicaragua

 

Nicaragua y la izquierda

                                        Silencios que matan

Raúl Zibechi

Brecha, 7-2018

https://brecha.com.uy/

Sin ética la izquierda no es nada. Ni el programa, ni los discursos, ni siquiera las intenciones tienen el menor valor si no se erigen sobre el compromiso con la verdad, con el respeto irrestricto a las decisiones explícitas o implícitas de los sectores populares a los que dice representar.

En este período en el que todos los dirigentes de la izquierda se llenan la boca mentando valores, resulta muy significativo que se queden apenas en el discurso. La ética se pone a prueba sólo cuando tenemos algo que perder. Lo demás es retórica. Hablar de ética o de valores cuando no hay riesgos, materiales o simbólicos, es un ejercicio hueco.

Todos recordamos la gesta del Che en Bolivia, cuando en vez de ponerse a salvo de las balas enemigas retornó al lugar del combate para ocuparse de un compañero herido, sabiendo que era más que probable que perdiera la vida en esa acción, sin ningún sentido militar pero rebosante de ética.

Ante nosotros tenemos la segunda oportunidad de que la izquierda latinoamericana se redima de todos sus "errores" (entre comillas porque se abusa del término para encubrir faltas más serias), condenando la masacre que están perpetrando Daniel Ortega y Rosario Murillo contra su propio pueblo. La segunda, porque la primera sucedió dos décadas atrás, cuando la denuncia de Zoilamérica Narváez, la hijastra de Ortega, al denunciar abusos sexuales de su padrastro.

El silencio actual de las principales figuras de la izquierda política de la región y de la izquierda intelectual lo dice todo. Un extravío ético que anuncia los peores resultados políticos.

Culpar al imperialismo de los crímenes propios es absurdo. Stalin justificó el asesinato de sus principales camaradas porque, dijo, le hacían el juego a la derecha y al imperialismo. Trotsky fue asesinado vilmente en 1940, cuando su prédica no podía en modo alguno poner en peligro el poder de Stalin, que en esos años contaba con el visto bueno de las elites mundiales para contener al nazismo. ¿Cómo puede ilusionar a los jóvenes una política que se para sobre una alfombra interminable de cadáveres y de mentiras?

¿Cómo pudo José Mujica guardar silencio durante tantos meses –mientras en Nicaragua morían cientos de jóvenes, y ante la carta abierta de Ernesto Cardenal– hasta pronunciar al fin algún tipo de crítica a Ortega? ¿Cómo pueden algunos connotados intelectuales latinoamericanos justificar la matanza con argumentos insostenibles o con un silencio que los convierte en culpables? ¿Qué los lleva a pedir la libertad de Lula sin revolverse contra el gobierno de Nicaragua?

En este período tan negro para la izquierda –como aquel de los juicios de Moscú, que liquidó todo vestigio de libertad en la Unión Soviética– es necesario rascar hasta el fondo para encontrar explicaciones. A mi modo de ver, la izquierda pasó de ser la fuerza social, y política que pugnaba por cambiar la sociedad a resecarse apenas como un proyecto de poder. No "el poder para", sino el poder a secas, el tipo de relaciones que aseguran la buena vida para la camarilla que lo detenta.

Fue a través de la lucha por el poder y la defensa de éste que la izquierda se mimetizó con la derecha. Hoy se argumenta con la lucha contra el neoliberalismo como excusa para no abrir fisuras en el campo de la izquierda, con la misma liviandad que antes se argumentaba la defensa de la Urss o de cualquier proyecto revolucionario.

Pocos pueden creer que entre 1937 y 1938 hubiera un millón y medio de rusos aliados a las potencias occidentales (todos miembros del partido), que fue la cifra de condenados por la gran purga de Stalin, de los cuales casi 700 mil fueron ejecutados y el resto condenados a campos de trabajos forzados. Si ese es el precio a pagar por el socialismo, habrá que pensárselo dos veces.

Estamos ante un período similar. Los progresismos y las izquierdas miran para otro lado cuando Evo Morales decide no respetar el resultado de un referendo, convocado por él, porque la mayoría absoluta decidió que no puede postularse a una nueva reelección. No quieren aceptar que Rafael Correa es culpable de secuestro en el "caso Balda", ejecutado por los servicios de seguridad creados por su gobierno y supervisados por el presidente. La lista es muy larga, incluye al gobierno de Nicolás Maduro y al de Ortega, entre otros.

Lo más triste es que la historia parece haber transcurrido en vano, ya que no se extraen lecciones de los horrores del pasado. Sin embargo, algún día esa historia caerá sobre nuestras cabezas, y los hijos de las víctimas, así como nuestros propios hijos, nos pedirán cuentas, del mismo modo que lo hacen los jóvenes alemanes increpando a sus abuelos sobre lo que hicieron o dejaron de hacer bajo el nazismo, escudados en un imposible desconocimiento de los hechos.

Será tarde. Son los momentos calientes de la vida los que moldean actitudes y definen quiénes somos. Este es uno de esos momentos, que marcará el porvenir, o la tumba, de una actitud de vida que desde hace dos siglos definimos como izquierda.

Raúl Zibechi

 

                            

 

                           Nicaragua: la locura del poder

Raúl Zibechi

 

SURda
La insurrección popular en Nicaragua, que exige la salida del poder de la pareja Daniel Ortega-Rosario Murillo, es una buena oportunidad para reflexionar sobre las opciones estratégicas de las fuerzas revolucionarias. En particular, para repensar las causas de esta deriva autoritaria y criminal, ya que la masacre de jóvenes nicaragüenses muestra la peor faceta de un régimen que se dice sandinista .

Dos cuestiones llaman la atención. Algunos intelectuales de la izquierda latinoamericana han orillado hasta el momento cualquier pronunciamiento sobre lo que sucede en Nicaragua. Se comprende, aunque no comparto, el silencio de varios gobiernos, ya que las alturas del poder tienen sus lógicas. Mucho menos aceptable es que intelectuales que van y vienen con sus opiniones sobre los más diversos temas, rehúyan una opinión contundente sobre la brutal represión.

La otra es que, afortunadamente, muy pocas personas atribuyen los sucesos a la mano negra del imperialismo. No tengo la menor duda de que Washington desea la caída de Ortega-Murillo y trabaja para ello, pero el argumento según el cual todo lo que perjudica a la izquierda es obra del imperio, está en franca decadencia.

Lo que viene sucediendo en Nicaragua puede contribuir a una reflexión de fondo sobre las revoluciones y sobre la administración del aparato estatal por fuerzas políticas de izquierda.

La primera es que las causas de la deriva genocida no pueden atribuirse al clan Ortega-Murillo, del mismo modo que el estalinismo no fue cuestión sólo de Stalin. En este punto debemos ser claros y precisos: Daniel Ortega es un genocida que profesa un caudillismo sediento de protagonismo y poder , como señala Mónica Baltodano, con rasgos de locura por el poder ( goo.gl/kr41uc ).

Sin embargo, la cuestión no puede ni debe reducirse a Ortega y a Murillo. Hay algo más. Podemos perder todo menos el poder , decía el comandante Tomás Borge, citado también por Baltodano. Salvo el poder todo es ilusión , proclamaba Abimael Guzmán, presidente del Partido Comunista del Perú-Sendero Luminoso, el grupo revolucionario más criminal de la región.

Por más poderosos que sean los individuos, son ejecutores de fuerzas históricas y sociales que los empujan en cierta dirección. El estalinismo es un fenómeno político que no puede explicarse en términos de una excentricidad individual , escribió el historiador Edward Hallet Carr en su obra De Napoleón a Stalin (Crítica, 1983, p. 122).

Stalin fue el músculo de la modernización acelerada de Rusia, pasando por encima de cualquier resistencia, aún al precio de aniquilar la dirección histórica de su propio partido. "Stalin fue el déspota más despiadado que Rusia había conocido desde tiempos de Pedro ( El Grande ), y fue también un gran occidentalizador", añade Carr en La Revolución Rusa de Lenin a Stalin (Alianza, 1979, p. 221).

Ortega representa a la una nueva burguesía nicaragüense que se forjó mediante la acumulación por despojo de capital, desde la piñata (apropiación masiva de bienes públicos por la cúpula al abandonar el gobierno en 1990) hasta los acuerdos petroleros con Venezuela, que le permitieron a un sector del FSLN ascender económicamente en alianza con la Iglesia y sectores de la vieja burguesía.

No es la primera vez en la historia que se utiliza el aparato estatal para acumular riquezas. En Nicaragua este proceso parió lo que Baltodano denomina oligarquía chayo-orteguista ( Chayo es el mote de Rosario Murillo) que necesita el poder estatal para reproducirse y sostenerse. Pero un ascenso tan vertiginoso requiere siempre de métodos corruptos y mafiosos, como ha sucedido en tantos procesos que se dicen revolucionarios pero, en realidad, han gestado una nueva clase opresora.

No resulta adecuado mentar traición , cuando la deriva actual de Ortega comenzó hace mucho tiempo, y se tornó inocultable en la década de 1990. Después de la piñata se produjo la reacción cínica de la izquierda nicaragüense y continental a la denuncia de Zoilamérica Narváez, en 1998, asegurando que su padrastro (Daniel Ortega) la abusaba desde los 11 años ( goo.gl/L5Q7op ). Los hechos graves no nacen de golpe, crecen en la tolerancia ética y en los desvíos del poder.

La segunda cuestión es el tema del poder estatal. No pocos nicaragüenses aseguran que la represión de Ortega es peor incluso que la del dictador Anastasio Somoza. ¿Porqué se repite la historia? ¿Porqué Stalin fue comparado con el zar Pedro El Grande y los dirigentes comunistas chinos con los viejos mandarines del imperio?

Lo que no funciona es pretender cambiar el mundo desde arriba, desde el aparato estatal, e imponerle los cambios a las masas , como si fueran objetos sin voluntad propia (una de las peores frases que se escucha en la izquierda dice conquistar a las masas ). Pretender cambiar el mundo como una totalidad, sustituyendo un todo por otro todo, es un camino que conduce al desastre autoritario, como lo enseña un siglo de revoluciones triunfantes.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx

http://www.surda.se/ArticulosEnPortada/Nicaragua%20la%20locura%20del%20poder.htm

                     

 

24.JUL.18 | Posta Porteña 1929          

El Frente Amplio debe irse del Foro de San Pablo

Por la diaria /F López D Alesandro

 

21 de julio de 2018 |  Fernando López D'Alesandro en la diaria

 

El Frente Amplio (FA) votó la declaración del Foro de San Pablo (FSP) en su último encuentro en Cuba, en la que se justifica y apoya al gobierno nicaragüense de Daniel Ortega Saavedra y de su esposa, Rosario Murillo.

Ya di a conocer mi posición sobre el gobierno sandinista. Hace dos años la establecí en la diaria, y hoy la realidad confirmó este análisis, así como ratificó lo errado de las posiciones ortodoxas defendiendo a la robocracia familiar de los Ortega. Unos meses antes había aclarado mi posición sobre el FSP, por lo que sería ocioso reiterar lo que, también, la historia confirmó.

Hoy la realidad enseña demasiadas cosas como para vanagloriarnos de análisis pasados.

El FA cometió un grave, gravísimo error al ratificar la declaración final del FSP, que apoyó al gobierno de Ortega-Murillo. El párrafo en cuestión reitera la aburrida retahíla responsabilizando al imperialismo yanqui de todo. No significa esto que el imperialismo no exista y no opere. Es obvio que en la reconstrucción del poder imperial norteamericano no van a dejar pasar ninguna oportunidad para reinstalar su hegemonía. Pero es algo muy distinto regalarle las oportunidades al injerencismo por las ineptitudes y la corrupción.

El gobierno de Nicaragua no es de izquierda. El sandinismo se transformó en un grupo mafioso, aliado a lo peor de la región y del mundo, sintonizando con sectores y gobiernos muy afines a la Casa Blanca. No es posible que a Donald Trump le inquiete la dupla Ortega-Murillo. Tal vez podría llamar su atención la construcción del canal interoceánico a cargo de China, pero esa fue otra de las tantas estafas del clan Ortega.

La ortodoxia de izquierda, tan marxista de vez en cuando, no repara en la aguda crisis económica de Nicaragua, en el trabajo en negro como norma, en los costos de la educación, en la exclusión de casi dos tercios de los trabajadores de la seguridad social.

Es asombroso que sedicentes marxistas no pongan el foco en la concentración de la tierra a favor de la élite tradicional y sandinista, en el dominio mediático, en los acuerdos con sus enemigos históricos a cambio de prebendas de todo tipo.

La ortodoxia –formada en Uruguay por Compromiso Frenteamplista, el Partido Comunista y un sector del MPP– insiste en ver la política en blanco y negro, sin matices de ningún tipo, donde los "compañeros" son buenos y el resto es malo. De seguir así, aquellos que desde el FA cuestionen a los "compañeros" sandinistas serán considerados enemigos.

En realidad el gran enemigo del gobierno de Ortega son sus errores políticos, sus disparates ideológicos y su permanente corrupción. Defenderlo es defender un proyecto que no puede ser no ya de izquierda, sino de gente decente.

No ver el límite al que llegó el sandinismo no sólo es miopía: representa una manera de ver la realidad que se agotó hace mucho. En la ortodoxia, la ficción juega un papel central. La instalación de una realidad dicotómica, en la que la lucha de clases se confunde con las clases en lucha, lleva a la ortodoxia a creer –como una fantasía religiosa– que el enemigo de mi enemigo es mi amigo.

Así defienden a Ortega como a Putin, a los Kirchner, a Maduro y a tantos otros impresentables "progres" y de derecha, seducidos por sus discursos antiimperialistas y antidemocráticos. Esa forma nació en los 60, luego de la Revolución cubana, y distorsionó a la izquierda latinoamericana, haciendo del apoyo a los "compañeros" un acto de fe más que una conclusión racional basada en el análisis y en la ética. Así, se barre bajo la alfombra todo lo turbio, todo lo sucio. No aprendieron que la realidad real es más fuerte que la fantasía, y hoy todo se sabe, a la larga o a la corta.

El FSP forma parte de esa ficción. Y de esa manera gente espuria utiliza el prestigio del FA para justificar aberraciones. Tal como sucedió en La Habana, cuando se apoyó una declaración en la que se apaña a una dictadura represiva y criminal como la de Nicaragua.

El FA no puede estar un minuto más en el FSP. No puede, con su presencia, su prestigio y su historia, avalar barbaridades, violaciones a los derechos humanos, como tampoco puede suscribir documentos teóricos e ideológicos con visiones caducas que, además, nada tienen que ver con el proyecto de la izquierda uruguaya.

El FSP supo ser, en sus inicios, un lugar plural, en el que el debate era rico y abierto. Un espacio amigable en el que, a pesar de las diferencias, todos podían buscar alternativas sociales realistas en un marco de democracia, tolerancia y pluralismo. Hace tiempo que ese foro terminó.

El FA debe irse del FSP. El procedimiento es simple. Basta con que un grupo con representación en sus organismos rompa el consenso general para que automáticamente el FA se aleje de él. Es sencillo. Sólo falta quien lo haga. Y pronto.

                   

 

¿De dónde viene el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo?

23 de julio por Eric Toussaint

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La izquierda, en estos momentos, está dividida en cuanto a la interpretación de lo que está ocurriendo en Nicaragua y, las conclusiones, en consecuencia, difieren. El CADTM AYNA mantiene, también, diferentes miradas al respecto. Publicamos, por lo tanto, opiniones con posturas que difieren, provenientes de militantes de izquierda. Siempre con el deseo de que sea un aporte al debate.

La represión ejercida por el gobierno contra quienes protestan en la calle contra sus brutales políticas neoliberales constituye una de las razones que conducen a diferentes movimientos sociales a la condena del régimen del presidente Daniel Ortega y de la vicepresidenta Rosario Murillo.

La izquierda tiene múltiples razones para denunciar ese régimen y la política que lleva a cabo. Para comprenderlo, es necesario resumir lo ocurrido desde 1979.


Una auténtica revolución en 1979

El 19 de julio de 1979 triunfó una auténtica revolución popular en Nicaragua y puso fin al régimen de la dinastía dictatorial de los Somoza. El Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) jugó un papel fundamental en la victoria gracias a la lucha armada, a sus iniciativas políticas y a su capacidad para representar las aspiraciones del pueblo. Sin embargo, el FSLN jamás habría podido vencer a la dictadura sin la movilización extraordinaria de una mayoría del pueblo nicaragüense. Sin el coraje y la abnegación de ese pueblo, la dictadura somocista, apoyada desde hacía decenios por Washington, no habría podido ser vencida de forma duradera. El apoyo de Cuba jugó igualmente un papel positivo.

El FSLN jugó un papel fundamental en la victoria de una auténtica revolución popular en 1979

En los años que siguieron a la victoria, una parte importante de las capas populares vio mejorarse sus condiciones de vida en lo que se refiere a la salud, la educación, la vivienda, el derecho a expresión y organización, los derechos de los y las trabajadoras de las ciudades y del campo. Los bancos fueron nacionalizados así como una serie de empresas industriales y del agrobusiness. Esto provocó un gran entusiasmo tanto en el interior del país como en la solidaridad internacional que fue verdaderamente importante. Decenas de miles de activistas de todos los rincones del planeta (principalmente de América Latina, de América del Norte y de Europa) acudieron a Nicaragua para aportar ayuda, para participar en brigadas de trabajo voluntario, para contribuir a la mejora de la salud, de la educación y de la vivienda, para impedir el aislamiento de la revolución.

Al comienzo de los años 1980, el gran capital nicaragüense, grandes sociedades privadas transnacionales presentes en América Central (en el agrobusiness, en la extracción minera, etc.), el imperialismo estadounidense y sus vasallos (como el régimen del «socialista» Carlos Andrés Pérez en Venezuela o las dictaduras como la de Honduras) se pusieron de acuerdo para intentar poner fin a esta extraordinaria experiencia de liberación social y de recuperación de la dignidad nacional. Se trataba también de impedir una extensión de la revolución que estaba realmente al alcance de la mano en el decenio de 1980. En efecto, la revuelta social se incubaba en la región, en particular en El Salvador y en Guatemala, donde fuerzas revolucionarias cercanas al sandinismo luchaban desde hacía decenios. Y Cuba no dudaba en desafiar a Washington y a las clases dominantes de América Central aportando su apoyo a la revolución centroamericana.

Entierro de « Abel » Guadalupe Moreno / Photo : Dora María Téllez Leopoldo Rivas, Dora María, Ana Isabel Morales. Julio-1979


La Contra

Los enemigos internos y externos pusieron en pie la Contra, un ejército contrarrevolucionario que tenía por objetivo el derrocamiento del régimen sandinista. Ésta adquirió una potencia de fuego tal que fue capaz de asestar golpes muy duros a la revolución y hacer durar el conflicto hasta 1989. Washington la financió, la entrenó, envió consejeros y la presentó internacionalmente como un ejército de liberación. Además, el ejército americano minó puertos nicaragüenses, lo que fue condenado en 1986 por el Tribunal Internacional de Justicia de La Haya [1]. Por toda respuesta, el gobierno de los Estados Unidos anunció que no reconocía ya la competencia de este tribunal.

Washington financió y entrenó a la contra

A pesar de los logros sociales y democráticos, la política seguida por la dirección sandinista mostró rápidamente graves limitaciones. La reforma agraria, tan esperada por una gran parte de la población rural, fue realizada de forma completamente insuficiente: el gobierno tardó demasiado en distribuir masivamente tierras y títulos de propiedad en favor del pequeño campesinado. La Contra encontró una base social entre una parte importante del campesinado decepcionado por la reticencia de la dirección sandinista a organizar la redistribución de las tierras. Una mayoría del pueblo en las zonas urbanas participaba en la revolución mientras que en el campo, la situación era mucho más dispar. Las personas partidarias entusiastas de la revolución en curso eran allí menos numerosas.


«Dirección: ¡ordene!»

Por supuesto, la principal responsabilidad de la difícil situación en la que se encontraba la sociedad nicaragüense correspondía al imperialismo norteamericano y a las clases dominantes locales que querían proteger sus privilegios y continuar explotando al pueblo. Pero la orientación de la dirección sandinista jugó igualmente un papel en el fracaso de la extensión, la consolidación y la profundización de la revolución. Entre las responsabilidades de esta dirección, estaba su tendencia autoritaria, expresada por el eslogan que había lanzado, «Dirección: ¡ordene!». Esto quería decir que las masas debían esperar de la dirección sandinista consignas a aplicar, lo que reducía la dinámica de autoorganización del pueblo.

El eslogan de la dirección sandinista «Dirección: ordene» reducía la dinámica de autoorganización del pueblo

La forma adoptada para conducir la guerra produjo efectos inquietantes. La izquierda del FSLN (en particular vía la revista Nicaragua Desde Adentro) reprochó a Humberto Ortega, general jefe del ejército, hermano de Daniel Ortega, haber desarrollado un ejército «clásico» en el plano del armamento dotándole de tanques pesados, lo que era costoso y no era apropiado en la lucha contra la contra que utilizaba métodos de guerrilla [2]. La conscripción obligatoria de la juventud a fin de reforzar el ejército fue igualmente mal percibida por una parte importante de la población.


Un plan de ajuste estructural bajo el gobierno sandinista

Además, a partir de 1988, la dirección sandinista comenzó a aplicar un plan de ajuste estructural que degradó las condiciones de vida de la mayoría más pobre de la población y no afectó a los ricos [3]. Este plan de ajuste estructural era muy parecido a los dictados por el FMI y el Banco Mundial aunque esas dos instituciones, bajo la influencia de Washington, habían suspendido su asistencia a las autoridades sandinistas [4]. Esta política de ajuste fue criticada por una corriente en el seno del FSLN pues hacía recaer el esfuerzo del ajuste sobre los sectores populares.

Un plan de ajuste estructural, es como una kalashnikov: depende quien la utilice

Recuerdo muy bien la respuesta que nos dio en público Omar Cabezas [5], comandante guerrillero, miembro de la Asamblea Sandinista, cuando se le preguntó en 1989 cómo era posible que el gobienro sandinista aplicara un plan de ajuste estructural que se parecía a los del FMI. Respondió en sustancia que un plan de ajuste estructural es como un kalashnikov o un fusil FAL, que depende de quien lo utilice. Si es gente revolucionaria la que lo utiliza, está bien. Evidentemente es imposible quedar satisfecho con una respuesta así.


Mantenimiento del modelo extractivista exportador con bajos salarios

En realidad, la dirección sandinista hizo muchas concesiones a la patronal, sobre todo a nivel de unos salarios que seguían siendo muy bajos. El argumento utilizado para justificar esta política era que Nicaragua debía exportar al máximo en el mercado mundial, y para seguir siendo competitiva, debía comprimir los salarios. Pocas medidas fueron tomadas para salir progresivamente del modelo extractivista explotador a bajo coste. Para romper con este modelo estrictamente dependiente de la competitividad en el mercado mundial, había que ir en contra de los intereses de los y las capitalistas que dominaban aún el sector extractivista exportador. Habría sido necesario reforzar la pequeña y mediana producción que aprovisionaban el mercado interno.

Habría sido necesario reforzar la pequeña y mediana producción que aprovisionaban el mercado interno.

En 1989, el gobierno FSLN llegó a un acuerdo con la Contra a fin de poner fin a las hostilidades, lo que era por supuesto algo bueno. Esto fue presentado como una victoria de la estrategia seguida. Era de hecho una victoria pírrica. Segura de ganarlas, la dirección sandinista convocó elecciones generales para abril de 1990. El resultado de éstas provocó estupor y pánico en la dirección sandinista: la derecha resultó victoriosa pues anunciaba al pueblo que si el FSLN vencía en las elecciones, las hostilidades armadas volverían. La mayoría del pueblo que quería evitar el reinicio del baño de sangre [6] votó sin ningún entusiasmo por la derecha. Esperaba el final definitivo de la guerra. Ciertos sectores populares estaban igualmente decepcionados por las políticas realizadas por el gobierno FSLN en las zonas rurales (insuficiencia de la reforma agraria) y en las zonas urbanas (efectos negativas de la austeridad impuesta por el plan de ajuste estructural comenzado en 1988) aunque las organizaciones sandinistas gozaban aún de una gran simpatía en una parte importante de la juventud, de la clase obrera y de las personas que trabajaban en la función pública y en una parte significativa de las personas trabajadoras rurales.

La dirección sandinista que esperaba obtener el 70% de los votos en las elecciones de abril de 1990, estaba estupefacta pues no se había dado cuenta del estado de espíritu en el que se encontraba una parte importante del pueblo. Esto muestra la distancia que se había creado entre la dirección que había tomado la costumbre de lanzar consignas y la mayoría del pueblo.

La orientación de la dirección sandinista estaba principalmente determinada por Daniel Ortega y su hermano Humberto.


La Piñata

Tras la victoria de la derecha, una parte importante de los bienes inmobiliarios que habían sido expropiados a los somocistas tras la victoria de 1979 fue repartida entre los principales dirigentes sandinistas que en consecuencia se enriquecieron enormemente. Una parte de la dirección participó en este proceso, conocido en Nicaragua como la Piñata. Quienes organizaron la Piñata la justificaron por la necesidad de dar seguridad a un patrimonio en favor del FSLN frente a un nuevo gobierno que podía confiscar los bienes del partido.

En su opinión, más valía atribuirlos bajo la forma de propiedad privada a personas de confianza como ellos. En la práctica, una parte importante de la dirección se transformó en nuevos ricos y su mentalidad cambió.


El ejército sandinista tras la derrota electoral de abril de 1990

La dirección sandinista, bajo el liderazgo de Daniel y Humberto Ortega, negoció la transición con el nuevo gobierno de Violeta Chamorro. Humberto permaneció como general jefe del ejército, que fue muy reducido. Una parte del sector más de izquierda del ejército fue descartado, en particular con el pretexto de que había proporcionado misiles al Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN) que intentaba todavía entonces provocar una insurrección general en El Salvador. Las autoridades soviéticas, en el marco del acercamiento entre los presidentes M. Gorbachov [7] y G. Bush [8], habían denunciado el hecho de que misiles SAM 7 y SAM 14 entregados por la URSS [9] a los sandinistas habían pasado a manos del FMLN y habían servido para derribar a helicópteros del ejército estadounidense que operaba en El Salvador [10]. Cuatro oficiales sandinistas fueron encarcelados por órdenes de Humberto Ortega con la siguiente justificación: "Este pequeño grupo de oficiales, cegados por su pasión política y guiados por argumentos extremistas, atentaron contra el honor militar y la lealtad a la Institución y el Mando militares, lo que equivale a atentar contra los intereses sagrados, patrióticos y revolucionarios de Nicaragua" [11].

Esto había provocado críticas muy fuertes por parte del Frente Nacional de los Trabajadores (que reagrupaba a las organizaciones sindicales sandinistas), por parte de la Juventud Sandinista así como de una serie de militantes del FSLN. Además, un sector de la izquierda del FSLN reprochó a Humberto Ortega haber optado por mantenerse como jefe del ejército bajo la presidencia de la derecha en lugar de participar en la oposición política al nuevo régimen dejando la dirección del ejército a su segundo, él también miembro del FSLN.


El FSLN y el gobierno de Violeta Chamorro

Algunos meses después del comienzo del mandato de la presidenta Violeta Chamorro, un movimiento masivo de protesta se extendió a todo el país en julio de 1990. Managua y otras ciudades se cubrieron de barricadas sandinistas y los sindicatos decretaron una huelga general. Esto condujo a un compromiso con el gobierno de Violeta Chamorro que retrocedió en algunas medidas, aunque el paro del movimiento decretado por la dirección del FSLN provocó un descontento cierto entre la base sandinista. Posteriormente, la dirección del frente progresivamente hizo concesiones a Chamorro aceptando el desmantelamiento del sector bancario público, la reducción del sector público en la agricultura y la industria, el abandono del monopolio del Estado sobre el comercio exterior. Chamorro organizó también la depuración de la policía e hizo entrar en ella a ex-contras. Es esta policía la que está en primera línea en la represión de la protesta social de 2018, al lado de milicias paramilitares de las que hablaremos más adelante. Chamorro no atacó directamente al ejército en el marco del pacto de coexistencia con la dirección del FSLN. El sandinismo, en la oposición, se comprometió a colaborar en el desarme de la población.

En julio de 1990, Managua y otras ciudades se vieron cubiertas de barricadas sandinistas y los sindicatos decretaron una huelga general

Los seis primeros meses de 1991 se traducen en una radicalización de la dirección del FSLN en parte bajo la presión de los dirigentes de las organizaciones sociales sandinistas y de la autoactividad de las masas que quieren defender en la medida de lo posible las conquistas de la revolución. No se puede sino admirar el nivel de autoactividad de las masas populares que quieren resistir y adoptan formas variadas de lucha: ocupaciones de tierras, ocupaciones de empresas, relanzamiento de la producción bajo control de los y las trabajadoras, luchas generales (huelgas, manifestaciones, barricadas) que ponen en acción diferentes sectores. La juventud jugó un papel muy dinámico.

Actuando en el sentido contrario, una parte de la dirección sandinista (no los miembros de la dirección nacional sino sobre todo antiguos ministros sandinistas como Alejandro Martínez-Cuenca) hablan abiertamente de la necesidad de un "co-gobierno", una especie de apoyo externo condicional al gobierno de Violeta Chamorro, y apoyan la política dictada por el FMI pues es en parte la prolongación de la política adoptada por el gobierno sandinista a partir de 1988 [12].


El primer congreso del FSLN de julio de 1991

Con ocasión del primer congreso del FSLN que tuvo lugar en julio de 1991, se constata que éste da pruebas a pesar de todo de una gran vitalidad y la dirección presenta un documento en el que hace una autocrítica a propósito de las insuficiencias de la política agraria en los años 1980 y de la verticalidad en el funcionamiento [13]. Signo de esta radicalización: para protestar contra las reformas neoliberales y la ofensiva de la derecha, el grupo parlamentario sandinista abandona el parlamento por un tiempo indefinido.

Un giro a la derecha va luego a realizarse bajo la dirección de Daniel Ortega en preparación de las elecciones de 1996.


Giro a la derecha de Daniel Ortega en 1996

Durante la campaña electoral de 1996 Daniel Ortega no regatea esfuerzos para tender la mano en dirección a la gran burguesía, para indicar una conversión en favor de las bondades de la economía de mercado, para moderar su discurso hacia Washington. El candidato de la derecha, Arnoldo Alemán, gana las elecciones con el 51% de los votos mientras que Daniel Ortega recoge el 38% de los sufragios. Sergio Ramírez, exmiembro de la dirección nacional que rompió con el FSLN para lanzar el Movimiento de Renovación Sandinista, no recoge mas que el 0,44% de los votos.

Según Mónica Baltodano, exdirigente del FSLN [14]: "El enfrentamiento en el seno del Frente Sandinista entre 1993-1995 [que condujo en particular a la creación del Movimiento de Renovación Sandinista, ET] persuadió a Ortega y a su círculo más cercano de la importancia de controlar el aparato partidario. Y eso se concretó más precisamente en el congreso del Frente en 1998, donde comenzaron a diluirse totalmente lo que eran los restos de la Dirección Nacional, de la Asamblea Sandinista y del Congreso del Frente: fueron reemplazados por una asamblea en la que participaban principalmente los y las dirigentes de las organizaciones populares fieles a Ortega. Poco a poco, incluso esta asamblea dejó de reunirse. En ese momento, tuvo lugar una ruptura importante. Era entonces evidente que Ortega se alejaba cada vez más de las posiciones de la izquierda y centraba su estrategia en la ampliación de su poder. Ponía el acento en el poder por el poder.

A partir de ahí, para aumentar su poder, comenzó procesos sucesivos de alianzas. La primera con el presidente Arnoldo Alemán produjo las reformas constitucionales de 1999-2000. La proposición central de la alianza con Alemán consistió en reducir al 35% el porcentaje necesario para ganar las elecciones, repartir entre los dos partidos los puestos de todas las instituciones del Estado y garantizar la seguridad de las propiedades y de las empresas personales de los dirigentes del FSLN. A cambio, Ortega garantizó a Alemán la "gobernabilidad": las huelgas y las luchas reivindicativas acabaron. El Frente Sandinista dejó de oponerse a las políticas neoliberales. Las organizaciones cuyos principales dirigentes se convirtieron en diputados en los años siguientes o se integraron en las estructuras del círculo de poder de Ortega dejaron de resistir y de luchar" [15].

En resumen, al final del mandato de Arnoldo Alemán, éste hizo un pacto con Daniel Ortega a fin de hacer entrar en las instituciones más representantes que posteriormente les serían fieles. En consecuencia, ampliaron su presencia en las instituciones como el Consejo Electoral, el Tribunal de Cuentas y el Tribunal Supremo.

Daniel Ortega perdió las elecciones presidenciales de 2001 con el 42% de los votos frente a Enrique Bolaños, exvicepresidente de Arnoldo Alemán, que obtuvo el 56% de los votos.

Daniel Ortega hace un pacto con Arnoldo Alemán uno de los principales líderes de la derecha

El pacto Alemán-Ortega fue activado cuando Enrique Bolaños, convertido en Presidente, decidió atacar a su excoequipier Alemán apoyando su inculpación por corrupción y su condena a 20 años de prisión. En 2003, Daniel Ortega hará intervenir a los hombres que colocó en el aparato judicial a fin de que Alemán gozara de un régimen de favor y pudiera purgar su pena en su domicilio.

Más tarde, en 2009, dos años después de haber sido elegido Presidente de Nicaragua, Daniel Ortega apoyará la decisión del Tribunal Supremo de anular la condena de Alemán, que reencontrará una libertad completa de movimientos. Algunos días más tarde, a cambio, el grupo parlamentario del Partido Liberal dirigido por Alemán aportó sus votos a la elección de un sandinista a la cabeza de la Asamblea Nacional.

En 2005, Daniel Ortega se acerca al cardenal ultraconservador Miguel Obando y Bravo: conversión al catolicismo y matrimonio por la iglesia

Daniel Ortega había ganado las elecciones de 2007 dando garantías a una serie de enemigos del sandinismo. Daniel Ortega había logrado obtener los favores del cardenal Miguel Obando, que le había combatido con dureza igual que combatía con dureza la revolución sandinista a lo largo de los años 1980 y 1990, hasta el punto de apoyar casi abiertamente a la Contra. Para obtener una mejora de las relaciones con el cardenal reaccionario, Daniel Ortega presentó sus excusas por el tratamiento sufrido por la Iglesia durante el proceso revolucionario. Se convirtió al catolicismo y demandó a Miguel Obando y Bravo que oficiara su matrimonio con su compañera Rosario Murillo en septiembre de 2005 [16].

En 2006, Daniel Ortega aportó su apoyo a la adopción de una ley ultrarreaccionaria que prohibía totalmente el aborto


En 2006, Daniel Ortega a favor de la prohibición total del aborto

En 2006, algunos meses antes de las elecciones, el grupo parlamentario del FSLN, bajo la dirección de Daniel Ortega, aportó su apoyo a la adopción de una ley ultrarreaccionaria que prohibía totalmente el aborto, incluso en caso de peligro para la salud o la vida de la mujer embarazada, o en caso de embarazo como consecuencia de una violación. Esta legislación es aplicada con la entrada en vigor el nuevo Código Penal, en julio de 2008, bajo la presidencia de Daniel Ortega. Antes de esto, el aborto "terapeútico" (en caso de peligro para la salud de la mujer embarazada o en caso de embarazo como consecuencia de una violación) estaba autorizado en el país desde 1837 [17].

La segunda parte tratará sobre el período abierto por la elección en noviembre de 2006 de Daniel Ortega como presidente de Nicaragua a partir de enero 2007.

El autor ha realizado una docena de estancias en Nicaragua y en el resto de América Central entre 1984 y 1992. Participó en la organización de brigadas de trabajo voluntario de sindicalistas y otras personas militantes de la solidaridad internacional que partían de Bélgica y acudían a Nicaragua en los años 1985-1989. Era una de las personas animadoras de FGTBistas para Nicaragua. Tuvo reuniones con diferentes miembros de la dirección sandinista: Tomás Borge, Henry Ruiz, Luis Carrion, Víctor Tirado López durante el período 1984-1992. Ha estado en estrecho contacto con la ATC, la organización sandinista de trabajadores y trabajadoras agrícolas. Estuvo en Managua durante el movimiento de barricadas de julio 1990 en protesta contra el gobierno de Violetta Chamorro. Estuvo invitado en el primer congreso del FSLN en julio de 1991 y en el tercer Foro de Sao Paolo celebrado en Managua en julio de 1993. En el International Institute for Research and Education de Amsterdam ha dado cursos en los años 1980 sobre la estrategia revolucionaria del FSLN antes de la toma del poder y sobre el período post-1979.

El autor agradece a Nathan Legrand por la relectura y por la ayuda en la búsqueda de los documentos. Agradece a Claude Quémar y Brigitte Ponet por la relectura y a Joaldo Domínguez por su subida a la web.

Traducido por Alberto Nadal



Notas

[1] Monique Chemillier-Gendreau, "Comment la Cour de La Haye a condamné les États-Unis pour leurs actions en Amérique centrale", Le Monde diplomatique, agosto 1986 : https://www.monde-diplomatique.fr/1986/08/CHEMILLIER_GENDREAU/39416

[2] Ver Inprecor, número 328, abril 1991

[3] Ver la revista nicaragüense Envío, agosto de 1988, cuyos extractos han sido publicados por la revista Inprecor n. 273 de octubre de 1988 con el título "Nicaragua: tratamiento de choque".

[4] Ver Eric Toussaint, Banco Mundial, el golpe de Estado permanente, Editorial Viejo Topo, Barcelona, 2006, capítulo 5, p. 68-69. Ver : http://www.cadtm.org/Banco-Mundial-El-golpe-de-estado Este libro ha sido editado tambien en Venezuela, en Bolivia y en Ecuador.

[5] Para informaciones sobre Omar Cabezas, https://es.wikipedia.org/wiki/Omar_Cabezas

[6] La comparación siguiente permite dar una idea de las pérdidas en vidas humanas durante la lucha contra la Contra: si se extrapolaran esas pérdidas proporcionalmente a la población de los EE.UU., representarían 2 millones de muertes.

[7] Mijail Gorbachov, nacido en 1931, dirigió la URSS entre 1985 y 1991.

[8] George Bush, nacido en 1924, fue el 41º presidente de los EE.UU. Por un único mandato de enero de 1989 a enero de 1993. Es el padre de George W. Bush, nacido en 1946, que fue el 43º presidente de los EE.UU., en funciones de enero de 2001 a enero de 2009.

[9] En 1990 existía aún la URSS, dirigida por Mijail Gorbachov. Atravesó un proceso de dislocación entre marzo de 1990 y diciembre de 1991, dando nacimiento a la federación de Rusia, a Lituania, Letonia, Estonia, Ucrania, Bielorusia, Moldavia, Kazajstán, Jirguizistán, Uzbekistán, Tayikistán, Turkmenistán, Azerbaiyán, Armenia y Georgia.

[10] Ver Éric Toussaint, "El dilema del ejército sandinista", Inprecor, nº 328, 12 abril 1991.

[11] Citado en Éric Toussaint, "El dilema del ejército sandinista", Inprecor, nº 328, 12 abril 1991

[12] Ver Éric Toussaint, "Front ou parti : que choisir ? ", Inprecor n° 329, 26 abril 1991.

[13] Ver Éric Toussaint, "Renouvellement du Front sandiniste", Inprecor n° 337, 27 septiembre 1991.

[14] Mónica Baltodano ("Isabel 104" en la clandestinidad), una de las dirigentes de la insurrección urbana de junio de 1979 en Managua, comandante guerrillera, exmiembro de la Dirección Nacional del frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) y exdiputada del FSLN. En los congresos del FSLN de 1994 y 1998, Mónica Baltodano animaba la tendencia Izquierda Democrática, opuesta a las y los que iban a fundar el Movimiento de Renovación Sandinista (MRS) dirigido por Sergio Ramírez que fue vicepresidente de Nicaragua de 1985 a 1990 al lado de Daniel Ortega. Había entonces apoyado a Daniel Ortega como Secretario General del FSLN frente a Henry ruiz, que se había presentado como candidato contra Daniel Ortega en 1994), convencida por su "discurso de izquierdas". Abandonó el FSLN en 1998, en el momento del pacto Ortega-Alemán. Participó en 2005 con el excomandante Henry Ruiz an la fundación del Movimiento por el Rescate del Sandinismo (MPRS). Ver en español, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=33344 . Continúa activa en la lucha política en Nicaragua. Ver : Resumen Latinoamericano, « Nicaragua: Entrevista a la comandante sandinista Mónica Baltodano »http://www.resumenlatinoamericano.org/2018/07/15/nicaragua-entrevista-a-la-comandante-sandinista-monica-baltodano/

[15] Mónica Baltodano "¿Qué régimen es éste? ¿Qué mutaciones ha experimentado el FSLN hasta llegar a lo que es hoy?" http://www.envio.org.ni/articulo/4792

[16] Ver la interesante necrológica publicada el 4 de junio de 2018 por un portal oficial de la iglesia católica: Centro católico de medios Cath-Info, "Nicaragua: fallecimiento del cardenal Miguel Obando Bravo a la edad de 92 años" https://www.cath.ch/newsf/nicaragua-deces-du-cardinal-miguel-obando-bravo-a-lage-de-92-ans/

[17] Ver Amistía Internacional, La prohibición total del aborto en Nicaragua. La vida y la salud de las mujeres en peligro; los profesionales de la medicina, criminalizados.https://www.es.amnesty.org/uploads/media/INFORME_Nicaragua-Prohibicion_total_del_aborto.pdf . En el continente americano, aparte de Nicaragua, hay cinco países que prohíben totalmente el aborto: El Salvador, Honduras, Surinam, Haití y la República Dominicana. Tres países autorizan sin restricciones el aborto: Cuba, Uruguay y Guayana.

Fuente: http://www.cadtm.org/

 

     n° 501

27/07/2018

Frida Khalo