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  Argentina  

LA COMUNIDAD AFROARGENTINA: INVISIBILIZADOS POR LA HISTORIA OFICIAL

 

Por: Agustin Elián

Hacia 1729, la ciudad de Buenos Aires estaba poblada por unas 24.000 personas, de las cuales más de 7.000 eran de origen africano. Más adelante, cuando se terminaba el siglo XVIII, los afros, mulatos y zambos eran mayoría en varias provincias. En Tucumán constituían el 64 por ciento de la población, en Santiago del Estero el 54 por ciento, en Catamarca el 52 por ciento y en Salta el 46 por ciento. Esa enorme proporción se justifica en la esclavitud, que era una práctica muy extendida en el noroeste argentino.

                                                            

Gabino Ezeiza, el mas grande payador de la historia, tanto en Argentina como Uruguay se celebra el 23 de julio el día del payador en homenaje a Ezeiza que ese día le ganó el duelo al uruguayo Juan Nava. Fue quien inventó la payada con rítmo de milonga, era afroporteño, nacido en San Telmo. Fue una de las influencias de Gardel y Corsini. Fue el Gardel de su época

Más de 30 millones de personas fueron llevadas desde África al continente americano. Viajaban en condiciones tan paupérrimas, que más de la mitad murió durante la travesía. Si alguno de los prisioneros se resistía a consumir alimentos, le colocaban un embudo en la boca para forzarlos a tragar comida. Los traficantes no podían permitir que sus esclavos perdieran peso; los necesitaba sanos y fuertes para poder venderlos a buen precio. Todo aquel que presentara signos de haberse enfermado era arrojado al mar encadenado. Se los bañaba con el agua salada del océano. Con los rebeldes que intentaban escapar ejercían los peores castigos. Los quemaban vivos, los despellejaban hasta la muerte, les aplicaban las más inhumanas torturas. Los principales dueños de los africanos eran los representantes de la civilización occidental, en su mayoría ingleses, aunque los portugueses y holandeses también se dedicaban al tráfico de personas.

Con no poca frecuencia, cuando algún traficante ilegal se encontraba arrinconado por las autoridades, ahogaba a sus esclavizados como último recurso para evitar ser descubierto.

Aquellos afros que lograban escaparse eran llamados despectivamente por sus esclavistas como "cimarrones"", término que según el diccionario referencia al animal doméstico que escapa de sus amos y se vuelve silvestre. Algunos llegaron a formar sus propios refugios, llamados "palenques" o "quilombos".

 

En el actual territorio argentino, los mayores propietarios de personas esclavizadas eran los jesuitas. En sus conventos alojaban más de 3.000 africanos que trabajaban en los talleres textiles.

Al llegar a Buenos Aires, los africanos eran almacenados en una casa en la esquina de Belgrano y Balcarce, pero que a causa de las constantes denuncias de los vecinos por encontrar cadáveres de negros en la calle, mudaron el depósito a la zona que hoy ocupa la Plaza San Martín. Allí cerca, en el barrio del Retiro, se efectuaban la venta de personas esclavizadas. Más adelante la actividad comercial se trasladaría a las orillas del Riachuelo, luego a Quilmes, y finalmente a la Ensenada de Barragán.

Los principales mercaderes de personas esclavizadas en Buenos Aires eran Martín Simón de Sarratea, suegro de Liniers y padre de Manuel de Sarratea, Isidro José Basavilbaso, abuelo de Carlos María de Alvear, Martín de Álzaga y José Martínez de Hoz, éste último conocido por haber jurado con beneplácito su fidelidad a la corona británica en 1806. Era el mismo sujeto que tres días antes de la formación de la Primera Junta intentó sostener a Cisneros como virrey. Fue el iniciador de una estirpe que produjo varias generaciones de personalidades nefastas para la vida de los argentinos. Lo que mal arranca…

Las principales actividades que se le ordenaba a los africanos y sus decendencias consistía en tareas domésticas, confección de vestimenta, labores agrícolas, producción de artesanías y preparación de alimentos conservados. Pero además, como los amos obligaban a sus personas esclavizadas a pagarles un tributo, éstxs se veían en la circunstancia de tener que trabajar en otro lado para pagarles. Esto generó que los viajeros europeos relataran en sus cartas que lxs africanxs eran tratados con mayor consideración en el Río de la Plata que en el resto de América, pues le permitían trabajar en donde ellos quisieran. La realidad es que este círculo vicioso de crueldad se basaba en el temor a no poder tributar a sus dueños, lo que ocasionaba castigos que iban desde los azotes hasta la prisión.

En algunos casos, cuando la recaudación del esclavo excedía el jornal que debía tributar a su amo, se iban formando pequeños ahorros, que con el tiempo, podían significar la libertad, para luego continuar con la compra de sus seres queridos. Por supuesto, este proceso podía llevar muchísimos años y no menos sufrimiento.

Aquellos pocos que lograban comprar su libertad, vivían en el barrio del Mondongo, nombre que aludía a la costumbre de los venidos de Congo por consumir las entrañas de la vaca, costumbre mal vista en la gente "decente" de la época. Otros se instalaban en la actual zona de Monserrat y San Telmo. Para las fechas festivas solían ir en procesión mientras bailaban al ritmo de los tambores. Era su manera de preservar las costumbres que formaban su identidad africana. Con frecuencia eran reprimidos sus bailes. En 1820, el ministro Rivadavia prohibió a lxs afro que realizaran sus ya famosos candombes.

Durante las invasiones inglesas, se formó el batallón de pardos y morenos, conformado por personas esclavizadas cedidas por sus dueños. No se les pagaba. Solo se les proveía de armas y alimento mientras se los precisara. La retribución que prometió el cabildo en señal de agradecimiento por los servicios prestados, o mejor dicho, regalados, no fue demasiado generoso: se le otorgó la libertad a una veintena de los casi 700 que lucharon valientemente para vencer a los invasores. Uno de los pocos logros que se les reconoció fue una moción de Juan José Castelli para que los soldados afros pudiesen agregar el gentilicio don a su nombre. Ya que no podían acceder a cargos en la oficialidad de los regimientos, al menos se les ofreció ese minúsculo y amarrete reconocimiento.

En 1812, con motivo de la designación de las autoridades del Primer Triunvirato, se le impidió a don Bernardo de Monteagudo ocupar el cargo de triunviro por su "dudosa filiación materna". Monteagudo era descendiente de africanos. Lo curioso del caso es que su principal impugnante fue Bernardino González de Rivadavia, que aunque renegaba y se avergonzaba de ello, también tenía antepasados en África.

En la Asamblea General Constituyente del 2 de febrero de 1813 se decretó que todxs lxs niñxs nacidos en el territorio de las Provincias Unidas del Río de la Plata fuesen considerados libres desde el 31 de enero de ese año en adelante. Sin embargo, la emancipación no era tan real, ya que los hijos de personas esclavizadas dependían del patronato del Estado. Así pues, lxs afros pasaron a formar parte mayoritaria de los ejércitos que durante más de veinte años participarían de numerosas batallas y guerras, a donde eran enviados al frente en la línea de fuego. La población masculina de origen africano fue descendiendo bruscamente. De los 5.000 hombres que cruzaron los Andes al mando de San Martín, la mitad eran afroamericanos. Don José los consideraba como los más temerarios y valientes de sus soldados. Poco más de 100 de ellos volvieron con vida a Buenos Aires.

Durante la época de Rozas, los afros disfrutaron de su momento de mayor participación social. La presencia del Restaurador de las Leyes estaba garantizada en los candombes. Solía ir con su esposa Encarnación Ezcurra y su hija Manuelita. Los hombres de raza negra formaban parte de los ejércitos rosistas y también de los grupos de espías que se infiltraban en las casas unitarias. En 1840, Rozas declaró la abolición total del tráfico de personas esclavizadas en el Río de la Plata, aunque recién veinte años después se completaría la absoluta prohibición de la esclavitud. Pese a la nueva situación libertaria, el racismo no desapareció. En 1857 solamente dos de catorce escuelas porteñas aceptaban alumnxs de origen africano. No obstante, algunos llegaron a incursionar en la política. El coronel José Morales, del partido mitrista, llegó a ser diputado provincial, constituyente junto a Eugenio Cambaceres, y senador en 1880. Otro militar negro, Domingo Sosa, fue diputado en dos oportunidades y constituyente en 1854.

La segunda causa más determinante del exterminio afro fue la epidemia de fiebre amarilla de 1871, donde murió casi el 10 por ciento de la población total de la ciudad de Buenos Aires. La mayoría eran pobres que vivían en condiciones paupérrimas de salud e higiene. Muchos eran africanxs y afrodescendientes.

Pero también tuvo mucho que ver la explotación a la que los afros debieron sufrir. Las condiciones de vida que sus amos les proveían eran desastrosas. La mortalidad infantil de lxs descendientes de africanxs duplicaba la de lxs niñxs blancos. El índice de nacimientos era bajísimo, ya que los dueños de las personas esclavizadas trataban de impedir los casamientos y embarazos. No pocxs afroargentinxs se fueron hacia Uruguay.

De esta manera, la población de africanos y afrodescendientes argentinxs fue virtualmente desapareciendo hasta transformarse en una excentricidad; una rareza. Esta percepción generalizada de la sociedad moderna no es demasiado real. Si bien las guerras y las epidemias fueron las principales causas, las corrientes migratorias que arribaron al país también jugaron un papel no menor en la formación de esa idea tan arraigada en nuestro tiempo que ignora la existencia del argentino afro. Sin embargo, la influencia que tuvieron en la cultura nacional es innegable, pese a los esfuerzos de los gobiernos conservadores y su séquito de historiadores apócrifos por ocultarla. El tango, la música más distintiva de los argentinos, surgió de las reuniones celebradas por las personas esclavizadas, a las que llamaban "tangó". Los términos musicales milonga, malambo, payada y chacarera provienen del lenguaje africano.

El famoso payador radical Gabino Ezeiza era afrodescendiente. También eran descendiente de africanos el compositor de tango Carlos Posadas, Horacio Salgán, Enrique Maciel, Cayetano Silva, Zenón Rolón y Rosendo Mendizábal. El popular lunfardo porteño se nutrió de cientos de palabras provenientes de la comunidad afro argentina, como bochinche, quilombo, marote, catinga, mandinga o mucama.

Según los datos del censo nacional de 2010, viven en Argentina unas 150.000 personas de raza afrodescendiente. El 92 por ciento son de nacionalidad argentina. La minoría restante proviene en su mayoría de otros países americanos, como República Dominicana, Ecuador o Cuba. La proporción principal de nacidos en África es originaria de Senegal, Cabo Verde, Nigeria y Guinea Ecuatorial.

   Fuente:    https://programaacua.org/2019/01/08/los-argentinos-negros-exterminados-por-la-historia/?fbclid=IwAR2RuiWPvVxUVHRGSpcowujNwE-AO9ezO_zgywS4TqA1y4_MFYRZ7Nf2s1E           

                                                  

 

                               EL ORIGEN DEL AFRO TANGO

Marzo, 2019   PmByInCulturaAfro

Fuente: Secretaría de Cultura de la Nación

La presencia africana en la República Argentina, se sabe, estuvo invisibilizada e insonorizada durante siglos. La historia blanca, centrada en Europa, fue la que pobló los manuales escolares y los relatos oficiales. Sin embargo, en la últimas dos décadas la historia silenciada de los afroargentinos del tronco colonial (argentinos descendientes de esclavizados en este territorio) comenzó a emerger dando cuenta de una presencia innegable, que forma parte de nuestras raíces como nación. Tal es así, que incluso uno de los símbolos de la identidad argentina como es el tango, tiene en su ADN la negruitud. Esta es la historia afro del tango…

(Gregorio Urbano

(Gregorio Urbano "Sotí" Rivero (1899-1949), afroporteño compositor de tango y guitarrista. Fotografía de una revista porteña no identificada, s/a).

Si bien los estereotipos asocian al tango con la figura de Carlos Gardel, los conventillo de inmigrantes, la incorporación del bandoneón y una historia dominante centrada en los blancos, la palabra tango aparece desde el siglo XVIII siempre vinculada a prácticas musicales y danzarias de afros.

El documento escrito porteño más antiguo en que aparece la palabra "tango" data, casualmente, del 11 de noviembre de 1802 y es un boleto de compra-venta de un "sitio de negros" en el barrio de La Concepción (hoy Constitución).

Pablo Cirio, antropólogo del Instituto Nacional de Musicología Carlos Vega, halló este documento en su afán por comprender el origen y desarrollo del tango desde una perspectiva multiétnica y pluricultural.

(Norberto Ismael Posadas, sobrino nieto de Carlos Posadas, tocando bandoneón 'a lo Piazzolla', como él explicó a Cirio. Buenos Aires, jul-1972).

(Norberto Ismael Posadas, sobrino nieto de Carlos Posadas, tocando bandoneón "a lo Piazzolla", como él explicó a Cirio. Buenos Aires, jul-1972).

"Los inmigrantes europeos enriquecieron, complejizaron e hicieron evolucionar el tango a lo que hoy conocemos. Pero el género fue, en su origen, negro, vinculado con la milonga urbana y ésta con el candombe y otros géneros afroporteños menos conocidos. Todos ellos tienen la misma matriz afro. Cuando escuchás el candombe porteño, que siempre tiene letra, que se baila, que tiene letra, y analizás la cadencia de la melodía, la estructura armónica que la sustenta, empezás a oír estructuras parecidas a las de un tango antiguo. Pero sucede que la escucha es cultural y hemos sido educados para no ver ni escuchar a los negros. Cuando escuchas el tango y la milonga con un oído abierto a la diversidad, lo empezás a oír negro".

¿ALGUIEN ESCUCHÓ A LOS Y LAS AFROARGENTINAS CONTAR LA HISTORIA DEL TANGO?

Pablo Cirio afirma que la historia oficial fue escrita consultando fuentes investigadas por blancos, desde un racismo científico naturalizado de neutral. El antropólogo ha venido entrevistando desde hace tres décadas a distintas generaciones de afroargentinos de muchas partes del país, y afirma que es posible construir una historia del tango a partir de esa memoria oral, de sus documentos y testimonios.

Los afroargentinos del tronco colonial nunca dejaron de tocar, de componer, de bailar, de gestar lugares donde compartir sus tradiciones. Si bien durante largos periodos lo hicieron por fuera del espacio público, se puede rastrear su presencia en cada momento hito del tango.

(Sergio Pantaleón Montero tocando la guitarra. Buenos Aires, 1920 (Col. Pablo Cirio).

(Sergio Pantaleón Montero tocando la guitarra. Buenos Aires, 1920 (Col. Pablo Cirio).

Las fuentes oficiales ubican a "El entrerriano" (1897), del compositor y pianista afroporteño Anselmo Rosendo, como el primer tango formalmente creado, dándolo como inicio del período conocido como Guardia Vieja (1897-1920).

Cirio lleva identificados 40 los compositores afroargentinos (con cerca de un millar de composiciones, publicadas e inéditas). Si bien en su mayoría son desconocidos, algunos se convirtieron en mojones ineludibles de la evolución del género.

(Al centro José Delgado, afroporteño guitarrista y zapateador de jazz. Buenos Aires, ca. 1930 (Col. María del Carmen Obella).

(Al centro José Delgado, afroporteño guitarrista y zapateador de jazz. Buenos Aires, ca. 1930 (Col. María del Carmen Obella).

Gabino Ezeiza (1858-1916) nació en San Telmo y fue quien introdujo en 1884 en un café de Barracas que aún existe, la milonga en la payada. También fomentó la participación de mujeres en la payada, como su hija natural Matilde Ezeiza.

En el apogeo del tango en Europa, que se da de la mano de Carlos Gardel y sus músicos (entre 1920 y 1930), aparecen las figuras de dos de sus guitarristas y compositores: los afrodescendientes Guillermo Barbieri (1884-1935) y José "el Negro" Ricardo (1888-1937).

"La pulpera de Santa Lucía" (1929), uno de los valses argentinos más reconocidos, fue compuesto por Enrique Maciel. Lo mismo sucedió con el conocido tango romanza "Margarita Gautier"(1935), cuyo autor es el afrodescendiente Joaquín Mora.

(Joaquín Mora).

El gran afroargentino del tronco colonial Horacio Salgán (1916-2006) marcó con "A fuego lento" (1955) el inicio de un nuevo estilo del que se nutrió Astor Piazzolla.

Desconocido para muchos, el contrabajista afro Ruperto "el Africano" Thompson (1890-1925) introdujo lo que se llamó "estilo cayengue", un sello del tango moderno, que se basa en dar pequeños golpes al instrumento como si fuese un tambor.

"Los negros reelaboraron sus músicas junto con los inmigrantes que empezaban a llegar y con el mundo hispánico, con los que convivían hace siglos. Y así fue surgiendo el tango de una manera muy lenta. Que sean afro, no implica que toda su producción lo sea pero si no conocemos la música afroargentina no podemos juzgar qué partes de esas músicas tienen rasgos de negritud. Si no tengo la sensiblidad auditiva y corporal del hacer musical y danzario afroporteño, no puedo entender cabalmente melodías tan bellas como "El ciruja", tango del entrerriano Ernesto Natividad de la Cruz (1898-1985) que, desde que lo grabó su amigo Gardel, es emblema del lunfardo", argumenta Cirio.

LOS LAZOS SOCIALES DE LA MEMORIA

"Cuando se deja de hablar de un tema con el paso de las generaciones se corta el lazo que mantienen viva esa memoria, y después esos temas pasan al olvido, o mejor dicho, es reemplazado por otra memoria, en este caso la de los grupos hegemónicos.. Eso es lo que sucedió con los afroargentinos", explica Pablo Cirio.

A pesar que en 1778 el 46% de la población argentina tenía origen africano, producto de los 72 mil esclavos que ingresaron al puerto de Buenos Aires y Montevideo entre 1777 y 1812, y que en la actualidad viven alrededor de 2 millones de afrodescendientes, según las organizaciones que nuclean a africanos y afrodescendientes, la narrativa dominante dejó de hablar del tema afro o lo redujo a pequeñas menciones en libros, alguna foto pintoresca o a los actos del 25 de mayo donde se los representó siempre en roles subalternos.

(Show de Alberto Castillo con candomberos afroporteños. Rosario (Santa Fe), ca. 1970. Foto Carlos Gómez. Los afros -casi todos aún vivos- son de la familia Garay, Córdoba y Lamadrid en cuya casa, en Flores, funcionó hasta 1952 Centro Recreativo La Armonía, fundado en 1917. Allí se bailaba tango de la Guardia Vieja).

"La Generación del '80 construyó una narrativa que dio por desaparecidos de la historia a los afroargentinos del tronco colonial. En ese mismo momento, a su vez, se comenzaban a formar las disciplinas sociales, la sociología, la antropología, la musicología. Y esas disciplinas hicieron obediencia debida a esa narrativa dominante, no la cuestionaron. Carlos Vega, el padre de la musicología argentina, clausuró el tema de la pertenencia y pertinencia de una posible música afroargentina. En artículo publicado en diario La Prensa en 1932 sentenció 'Todo se fue para siempre cuando los ojos sin luz del último negro auténtico clausuraron la visión envejecida y remota de los panoramas africanos. Ese día dejó de existir el África en el Plata'".

Cirio reflexiona que la Generación del '80 negó el tema negro porque sus padres habían sido esclavistas. "Que Mitre, Sarmiento, Roca, Alberdi, Avellaneda, reconozcan que la Argentina fue cómplice y beneficiaria directa durante 350 años del tráfico de esclavos, es reconocer que sus familias patricias fueron esclavistas, al punto de que hoy, muchos afroargentinos tienen los apellidos de sus antiguos amos".

(Compadrito afroargentino. Buenos Aires, ca. 1910, colección Silvio Killian).

(Compadrito afroargentino. Buenos Aires, ca. 1910, colección Silvio Killian).

Así pues, los afroporteños se llamaron a silencio social durante más de 100 años, y compartieron sus toques y danzas puertas adentro. Heridos por la institución de la esclavitud, humillados cuando fueron libres (1861) por los blancos que se burlaban de ellos imitando sus bailes y pintándose la cara para carnaval, sumado a contravenciones que, desde fines del siglo XVIII les prohibían tocar tambor bajo la pena de 200 azotes y un mes de cárcel. Los hechos provocaron una ofensa tan grande en el pueblo negro, que debieron retirar de la escena pública sus prácticas candomberas al interior de sus hogares. Y gracias a que han sido sabiamente desobedientes, éste se ha mantenido vigente de modo ininterrumpido.

El Día Nacional del Tango se celebra el 11 de diciembre. La fecha fue propuesta por Ben Molar en homenaje al nacimiento de dos grandes del género, Carlos Gardel (Tolouse, 1890 o 1897) y Julio de Caro (Buenos Aires, 1899). Y "casualmente", fue un 11 de diciembre pero de 1802, la mención más antigua de la palabra tango en Buenos Aires.

Volviendo a las raíces, el significado de la palabra Tango en kikongo (una de las lenguas
africanas que se habló aquí hasta mediados del siglo XX), pareciera poner blanco sobre
negro (o negro sobre blanco) en este tema: "Es tiempo de hablar de lo nuestro" (tango fueni kiasonga kinkulu 

Fuente: https://programaacua.org/category/noticias/

     n° 509

31/03/2019

Frida Khalo