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URUGUAY

                                n°500

29/06/2018
Frida Khalo
                

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                       

VIOLENCIA DOMÉSTICA, ENTRE LAS CARENCIAS DEL SISTEMA Y EL ESTIGMA SOCIAL

 

 

 

SURda

 

Macarena Pereyra

 

La situación en Uruguay. Víctimas, agresores y un reclamo: protección y justicia.

 

"El -"hasta que la muerte los separe"- casi fue cierto. Ya fuera por sus manos o por las mías. Fue tanta la angustia, que pasó por mi mente el terminar con mi vida. Si no lo intenté fue por no dejar esa carga a mis hijas. Pensé en provocarlo al punto que decidiera matarme, así por fin iba preso. A esa altura los dos estábamos enfermos."

María Irma González de 66 años fue una de las tantas víctimas a manos de su esposo. Diez años atrás vivió una etapa muy dura de su vida. La violencia que recibió se perpetuó en el tiempo y fue empeorando con el paso de los años, según sus propias palabras "uno se acostumbra, cree que es normal, que la culpa es propia..."

Uruguay es el quinto país con mayor índice de violencia doméstica en América Latina y el Caribe. Entre el 1o de enero y el 31 de octubre se registraron 31.854 denuncias por violencia doméstica y delitos asociados, siendo el 72.8% de las denuncias efectuadas por mujeres. Hubo un aumento del 14% en relación al mismo período del año anterior, indica el informe presentado recientemente al parlamento por el Observatorio Nacional de Violencia y Criminalidad. En lo que va del año se registraron 31 muertes por violencia de género.

La ley y el orden

Según el artículo N°2 de la ley 17.514 de Erradicación de la Violencia Doméstica, aprobada en el año 2002, la violencia domestica se define como "toda acción u omisión directa o indirecta, que por cualquier medio menoscabe, limitando ilegítimamente el libre ejercicio o goce de los derechos humanos de una persona, causada por otra con el cual tenga o haya tenido una relación de noviazgo o con la cual tenga o haya tenido una relación afectiva basada en la cohabitación y originada por parentesco, por matrimonio o por unión de hecho".

 

La violencia doméstica es hoy en día uno de los temas más discutidos en los medios de comunicación y en la sociedad en general. En los últimos años ha crecido notablemente la difusión de campañas de prevención, concientización y denuncia por parte de organizaciones sociales vinculadas a este tipo de violencia. Es el caso del Instituto Mujer y Sociedad, con sede en Montevideo que trabaja desde el año 1986 procurando la defensa de los derechos humanos de mujeres y niños/as y brindando apoyo y atención psicológica y jurídica.

Gabriela Albornoz abogada de esta institución, sostiene que "no se puede ver la violencia doméstica solo como una cuestión a través de lo jurídico, la verdad es que mirar eso es no ver ni siquiera la mitad del problema. Cuando hablamos de violencia hablamos de un doble proceso, uno legal y uno interno de la víctima, que no necesariamente van de la mano".

Procesos y estrategias

La violencia es cíclica y es muy difícil para la víctima poder visualizarla mientras se encuentra inmersa en ella. Al acto violento le siguen instancias de arrepentimiento y perdón por parte del agresor. La relación afectiva que los une es generalmente la que le impide a la víctima romper el círculo y buscar ayuda.

Bien, pero he aquí el siguiente problema: las campañas de prevención incitan a la mujer a que denuncie inmediatamente la agresión. Pero se ha comprobado que cuando una víctima realiza una denuncia sin haber hecho primero el proceso interno que se mencionaba antes, la misma no es del todo efectiva. En este momento la mujer se encuentra en un estado de alta vulnerabilidad y angustia lo que genera ambivalencia en su discurso.

Lo mejor ante esta situación -coinciden tanto Albornoz como Marina Morelli, abogada del Instituto Mujer Ahora- es que la mujer sea acompañada durante este proceso y reciba tanto ayuda psicológica, como asesoramiento jurídico\legal para pensar en estrategias que le permitan elaborar un discurso coherente al momento de iniciar un proceso de denuncia, largo e intrincado.

La ausencia de ayuda psicológica y asesoramiento jurídico obstaculiza este proceso. Por contrario tal y como explica Albornoz "cuando se logra hacer un proceso, se generan denuncias que se sostienen en el tiempo. Por eso, porque se pensaron estrategias".

María Irma hizo su proceso interno, rompió el silencio y finalmente se animó a denunciar. En la Comisaría de la Mujer de Rocha le aconsejaron asistencia legal y psicológica que debía costear ella misma. Más adelante la citaron al juzgado civil y al penal. En el civil tuvo una audiencia que se desarrolló cara a cara con su esposo, cuando en el artículo N°18 de la Ley 17.514 se prohíbe explícitamente la confrontación o comparecimiento conjunto de la víctima y el agresor, quien intentaba manipular alegando que María Irma mentía y que era una persona psicológicamente inestable. Ella asegura que como el agresor era un médico conocido en la ciudad le creían más a él y que vivió la audiencia como una situación límite y humillante.

El Colectivo de Mujeres de Negro sostiene que en el interior del país existen factores que facilitan el proceso, aunque estos mismos u otros también pueden jugar en contra.

Graciela Silva Coordinadora de Mujeres de Negro en Rio Branco cuenta que "Acá se hacen un poco mas cuesta arriba algunas cosas. Allá al ser menos personas se conocen más, el trabajo se hace más en conjunto. Por ejemplo a las mujeres que denuncian en la Unidad Especializada en Violencia Domestica, posteriormente la policía comunitaria realiza un seguimiento, las llaman por teléfono, les preguntan a ver cómo está la situación, en algunos casos van a la casa. Eso es una fortaleza que tenemos en el interior, no en todos los departamentos, sino en los que trabaja el colectivo. Por otro lado el amiguismo también mata. El del comisario que fue amigo de la infancia del violento... Mata."

María Irma cuenta que nunca se sintió apoyada, sintió mucho miedo ya que cuando fueron a pericia psiquiátrica los médicos encargados del asunto eran colegas del agresor.

La sistematización del descreimiento

Ante la pregunta de cuáles son las principales carencias del sistema judicial ante los casos de violencia doméstica, la Dra. Morelli sostiene "en el sistema judicial no encontrás un problema, sino que el sistema judicial es un problema con dos pies caminando. Un sistema que desprecia a la mujer, que la descree. Un sistema patriarcal, obsoleto en la mayoría de las normas que manejan en relación a las mujeres, cargado de prejuicios de los que llevamos todos en la vida, pero ellos los llevan durante la función judicial"

Otro de los grandes problemas a nivel judicial es la falta de especialización en la materia que demuestran los funcionarios del juzgado especializado en Violencia Doméstica. Este es un tema que requiere un tratamiento y una capacidad de sensibilización especial para ejercer la justicia, pero en la práctica estos juzgados sirven como "puerta de entrada" a la capital para los jueces que llegan desde el interior. Cabe preguntarse por qué dichos jueces no ingresan directamente a otro juzgado especializado como ser el de Crimen Organizado. La razón parece ser que el asunto de "las mujeres", no requiere un conocimiento especializado, sino que se relativiza y se desprestigia.

Así nos lo confirma la Dra. Lilian Elhorriburu, Jueza del séptimo turno del Juzgado especializado en violencia doméstica y derechos vulnerados de niños/as y adolescentes -"Hay muchos jueces que no están capacitados para estos casos, pero como son puerta de entrada a Montevideo no les importa la materia, ni tampoco les interesa".

Según los consultados, la relativización de la palabra de la víctima es un grave problema al momento de hablar sobre violencia doméstica. No se puede pretender ayudar a que esta disminuya si se parte de la base de que las mujeres pueden estar mintiendo o exagerando sobre su situación. Este fue el caso de lo acontecido a María Irma cuando desesperada llamó a la policía para que la auxiliaran.

"- Mi señora está muy enferma- dijo el agresor a los efectivos. Y le creían, no había testigos..."

El momento en que la mujer se acerca a la comisaría a realizar la denuncia contra el agresor es crucial. Según la Guía de Procedimiento Policial (Ministerio del Interior) el efectivo debe recepcionar siempre la denuncia, sea en la UEVD o en una comisaria barrial. Sin embargo, según información brindada por varias instituciones que trabajan por la protección y los derechos de la mujer, en muchos casos no se le toma la denuncia a la víctima en comisarías barriales alegando que deben efectuarla ante la UEVD o la Comisaría de la Mujer.

Seguimiento y protección

Activistas de Mujeres de Negro han presentado en abril de 2016 un Proyecto de Ley Integral (para garantizar una vida libre de violencia basada en género) que mejoraría la problemática de la falta de seguimiento en los casos de violencia doméstica. Dicha ley está en espera, de su 104 artículos se han estudiado hasta el momento 40 de ellos.

Esta ley surge entre otras cosas a partir de la consideración de que el momento de mayor vulnerabilidad de la víctima es luego de que realiza la denuncia ya que debe volver al hogar, muchas veces compartido con el agresor.

Esta es una situación de alto riesgo para las víctimas y los niños/as involucrados/as y el capítulo N°4 de la Ley 17.514 (2002) la contempla, exigiendo en las medidas de protección disponer el retiro inmediato del agresor de la vivienda compartida. En los casos en que se aplica el sistema de tobillera electrónica se realiza un seguimiento de las medidas cautelares, lo que no ocurre en el resto de los casos.  

"Pensando en eso es que nosotras hemos presentado una Ley Integral. Lo que estamos pidiendo es que la mujer tenga más protección al momento posterior de hacer la denuncia, porque no es fácil que llegue a esta instancia. Ella está denunciando al padre de sus hijos, a quien quiso, y tal vez todavía quiere, y en los casos en que efectivamente la hace es porque está realmente decidida. Pero si después, tiene que volver a su casa con el peligro de enfrentarse con el agresor, muchas veces la denuncia termina siendo retirada por miedo o porque cree en su palabra, en su arrepentimiento."- Afirma Martha Iglesias presidenta del Colectivo.

Y continúa -"Una de las cosas que nosotras pensamos que sería lo ideal es que la familia no se tenga que ir del hogar, el que se tiene que ir es el violento. Y también tener en cuenta que aunque siempre hablamos de la mujer, que es la que realmente sufre violencia, también hay que hablar de los niños, que salen de su hábitat, de su osito, de sus cosas. El que se tiene que ir es el hombre, la que se tiene que quedar en su hogar es ella con los niños".

En ningún momento se retiró al agresor del domicilio compartido y tampoco se le ofreció un refugio a María Irma, quien tuvo que irse a la casa en estado de abandono de sus padres hasta que logró mudarse a un apartamento. Esto ocurrió cuando consiguió solvencia económica y sus hijas ya eran casi independientes. "Ante mi decisión de separarnos se negó a irse de la casa y tuve que irme yo".

Por lo tanto se hace necesario realizar un seguimiento responsable a la víctima en todos los casos de violencia doméstica y no sólo en los que aplica el sistema de tobilleras.

Recientemente ha sido votada por unanimidad en el Senado la Ley de Femicidio, donde el mismo es definido como el homicidio "contra una mujer por motivos de odio, desprecio o menosprecio, por su condición de tal". Ahora pasa a la Cámara de Diputados.

Un acierto en el sistema

Se ha comprobado que este sistema es efectivo en cuanto al bajo número de reincidencias registrado. La falla se encuentra en la sobrecarga de casos por policía referente, ya que el sistema cuenta con un seguimiento personalizado 24horas durante 180 días, lo que supone un trabajo humano de gran envergadura. Por este motivo, para que el sistema siga resultando eficiente es necesario el ingreso de más policías a la Dirección de Monitoreo Electrónico.

 

RECUADRO 1: El sistema de tobilleras se comenzó a implementar en 2013 en Montevideo, en este momento se encuentra funcionando en trece departamentos. La colocación, monitoreo y seguimiento es responsabilidad conjunta del DIMOE (Dirección de Monitoreo Electrónico, MI) y del MIDES respectivamente, quien trabaja desde lo psicológico, jurídico y social tanto con la víctima como con el agresor a través de audiencias, obligatorias para el último. La colocación debe realizarse con consentimiento de la víctima, en caso de que esta no lo conceda en primera instancia los efectivos policiales tienen el deber de comunicarle a la misma los beneficios del sistema y tratar de lograr su consentimiento.

Por la Ley 17.514 se puede aplicar el sistema de tobilleras por dos vías: a través de resolución de jueces especializados en violencia doméstica o a través de resoluciones penales. En el caso de las segundas no se obliga al imputado a concurrir a audiencias de seguimiento y rehabilitación en el MIDES, como sí se hace en casos que ingresan a través de los juzgados especializados.

RECUADRO 2: El equipo se coloca en el tobillo del agresor y se le entrega a la víctima un dispositivo celular el cual debe llevar consigo encendido todo el tiempo, este emite una alerta sonora cuando el agresor viola la restricción de acercamiento impuesta por el juez. Asimismo el policía referente también recibe una alerta de la misma naturaleza. La medida se implementa por 180 días con opción a ser prorrogada por orden del juez. En este momento el sistema cuenta con aproximadamente 600 usuarios y 40 policías referentes. Los dispositivos están agotados, pero el nuevo lote está por ingresar. En el 2016 se atendieron 346 casos, 307 de ingreso por primera vez y 33 casos de re-conexión.

Sin embargo debido a la sobrecarga del sistema, las audiencias que debieran realizarse cada 15 o 20 días cuentan con un atraso de 3 a 4 meses. En estos casos durante el período de aplicación de la medida el agresor es citado únicamente a dos audiencias.

El objetivo del sistema es revertir el comportamiento violento del ofensor para luego "reinsertarlo" en el ámbito social, sin que las consecuencias lleguen a ser ni la privación de libertad del mismo, ni la pérdida de la vida de la víctima.

En palabras de la Comisario NelsaViscailuz, Encargada del DIMOE -"Buscamos que la persona haga un proceso, se trata de que las dos partes en esos 180 días hagan un tránsito, que reconozcan cosas de sus vidas y de ahí en adelante tomen herramientas para cambiar ese camino. Este programa no busca que las personas se separen, el objetivo es que reconozcan las instancias violentas, que logren cambiar comportamientos y que no vuelvan a agredirse. Si determinan que van por caminos diferentes, bien; mientras que no se re-vinculen con otras personas de manera agresiva."

Si bien el sistema cuenta con un seguimiento caso por caso no brinda tratamiento a ninguna de las partes, según la Comisario Viscailuz esta es una de las carencias del sistema.

Existen varios factores que incrementan la intensidad de la agresión como el consumo problemático de drogas y las patologías psiquiátricas. La Comisario explica que del 2013 a la actualidad ha percibido un aumento del nivel de "salvajismo" en las agresiones, "la gente no se da cuenta de todo lo que puede llegar a sufrir una persona".

También se ha visibilizado la violencia de tipo ambiental (destrucción del entorno inmediato)como forma de intimidar y aterrorizar a la víctima, factor que antes no se tomaba en cuenta al momento de estudiar un caso.

"Muchas víctimas no quieren salir del sistema"- afirma- "pero eso no es bueno, es una función del MIDES lograr que ellas, en esos 180 días tomen herramientas y puedan visualizar un camino de salida".

Mala praxis

"En mi caso aplicaron medidas cautelares una y otra vez. Tan ineficaces que tuve que irme de Rocha y comenzar de cero en Maldonado a los 58 años, ya divorciada. A él poco le importaban las medidas y me acosaba, me cortaba la luz y el agua, me robaba la radio del auto...y más." Todo esto le ocurrió a María Irma sin testigos "valederos" para la policía.

Antaño era común obtener como respuesta policial ante una denuncia por violencia doméstica "vuelva a casa y mímelo un poco", "hágale una rica comida"; hoy se siguen reiterando ese tipo de pronunciamientos por parte de la justicia como se denuncia en el punto 30 de la Acción de petición ante la Suprema Corte de Justicia, presentada por la Red Uruguaya Contra la Violencia Doméstica y Sexual (2012):

Pronunciamientos infundados (lo que impide conocer la razón y argumento que la motiva) tales como: "intímese a las partes a evitar conflictos" o "intímese a las partes a mantener la armonía familiar", (...) constituyen una práctica forense generalizada y habitual. Entendemos que se tratan de resoluciones (...) que resultan inútiles e insuficientes para la protección de la víctima y que conceptualizan de manera errónea la violencia familiar. Pronunciamientos de tal naturaleza perpetúan la falsa creencia de que la víctima de violencia doméstica tiene la culpa del maltrato que recibe (...)

Otra mala práctica por parte del sistema judicial son las resoluciones telefónicas que "impiden el ejercicio de defensa por quien resulta afectado por la resolución", ya que las resoluciones judiciales por ley deben ser escritas en un expediente.

Por último cabe mencionar que en cuanto al incumplimiento de las medidas cautelares, donde debería aplicarse una sanción de arresto según el Artículo 11 del párrafo segundo de la Ley 17.514, se sustituye por el dictado de resoluciones tales como "intímese al denunciado a cumplir con las medidas cautelares dispuestas".

Que el estigma induzca el cambio

"Soy de una generación y de una familia donde casarse era para toda la vida, y daba mucha vergüenza contar lo que pasaba en la interna del hogar".

María Irma reconoce haber salido de la dominación y haber podido independizarse económicamente después de mucho esfuerzo contra los prejuicios y los valores que traía de la cuna.

"Siento que soy una sobreviviente, pero costó mucho. Años y años de abuso en una sociedad que va despertando de a poco. Las medidas que se tomaban no eran suficientes. Creo que el abusado queda a la intemperie a expensas del abusador y de una sociedad que no lo protege y aún más, lo juzga... -Por algo será- dicen en voz baja y de reojo..."

Toda la sociedad está atravesada por el patriarcado: policías, abogados, jueces, víctimas y victimarios. Es realmente difícil adoptar un pensamiento de equidad de género, es urgente dejar de lado todos los prejuicios y estigmas que tenemos interiorizados, especialmente al momento de tratar la violencia doméstica.

De lo conversado con la Comisario Viscailuz se desprende que el estigma social ataca a las dos partes por igual, tanto a la mujer como al hombre, si a la primera muchas veces se le da la espalda cuando se encuentra en estas situaciones, al agresor (y sobre todo a aquellos que tienen puesta la tobillera electrónica) se los aísla, se los aparta. En soledad es mucho más difícil que el hombre visibilice su comportamiento e intente revertirlo. Tanto victima como victimario necesitan hacer su proceso acompañados, contenidos.  

"Muchas personas hablan de violencia, pero pocos actúan." El cambio debe ejercerse inmediatamente y desde prácticas como el lenguaje, se deben por ejemplo, desterrar expresiones tales como "crimen pasional", ya que eso justifica la violencia ejercida hacia la mujer y no permite vislumbrar el problema real.

"Se necesita compromiso a todo nivel, hay gente muy comprometida en esta causa, si no hallamos una vuelta como sociedad pueden y habrán consecuencias negativas. El sistema de tobilleras ha sido un éxito con mucho esfuerzo desde muchos lugares"- sostiene Viscailuz.

Hoy día, cuando tenemos al momento 31 mujeres que fueron madres, hijas, nietas, amigas, hermanas, trabajadoras, estudiantes y luchadoras, muertas en manos de personas en quienes confiaron y a quienes quisieron, escuchar decir "algo habrá hecho", "mira como se vestía", "bueno, fue ella quien lo eligió", parece increíble. Pero es real.

No hay que creer que estos comentarios provienen solo de los hombres, la propia mujer es la primera en criticar a la de al lado o hacer la vista gorda cuando una vecina sufre una situación de violencia, "no te metas", "cada casa es un mundo" parece seguir siendo el leitmotiv de la sociedad actual.

Es deber de la sociedad en su conjunto generar un cambio profundo que afecte todos los niveles, para lograr erradicar de una vez por todas la violencia desde las prácticas cotidianas hasta las políticas institucionales.

Maria Irma hoy en día logró salir adelante, pero fue una de las tantas víctimas de violencia de género en Uruguay, es de gran importancia la solidarización frente a su pedido: "ayuda real y efectiva para las mujeres. Acciones y no palabrería. Inmediatamente".

Fuente: http://www.uypress.net/

Tomado de: http://www.surda.se