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                                n°507

31/01/2019
Frida Khalo
                

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                       

Posta Porteña 1987

Miguel Sofía, el colorado paramilitar ´fascista´ que zafó del atentado de los tupamaros y evitó 48 años a la Justicia

Sergio Israel, Búsqueda

 

                                                      

 

Un estudiante demócrata del Liceo Nº 13 de Maroñas y luego del IAVA, que se oponía con vehemencia a los marxistas procubanos que dominaban los gremios de la enseñanza a fines de la década de 1960 y que a causa de ello fue acosado y llegó a rendir examen en una oficina de Secundaria para no quedar retrasado. 

Una víctima de agresiones de diversos grupos de izquierda que lo calificaron de forma continua como "fascista" ya antes de 1972.

Un exiliado en democracia que se vio obligado a irse a estudiar Derecho a España, donde se doctoró en 1977, porque era estigmatizado y no se sentía seguro en su país.

Un brillante diplomático que, cuando comenzó el proceso cívico-militar se dedicó con empeño, primero en la sección pasaportes y luego a representar al país en Estados Unidos y otros destinos. Un empresario exitoso que prosperó en el mundo de las comunicaciones creando, entre otros emprendimientos, una cadena de radios y un canal de cable en la Costa de Oro.

Así, con una sarta generosa de adjetivos, describe el prestigioso penalista Miguel Langón, en un libro publicado en 2009, a su cliente Miguel Sofía Abeleira, un primario absoluto indagado por la Justicia por participar en dos homicidios, dos desapariciones y decenas de atentados perpetrados por grupos paramilitares de derecha a comienzos de la década de 1970.

Made in Brazil

 Bastante antes de que existiera el Plan Cóndor, grupos de civiles, militares y policías emplearon la táctica importada de Brasil y Guatemala de golpear a la retaguardia para desmotivar nuevos ingresos al MLN-Tupamaros y desmoralizar mediante el terror a quienes para ese entonces habían asesinado a decenas de agentes policiales.

Firmaron sus ataques con varios nombres (Comando Caza Tupamaros y Defensa Armada Nacional, entre otros) pero fueron conocidos con la denominación genérica brasileña: "escuadrones de la muerte".

A pesar de las evidencias, Sofía, que en 1971 tenía 23 años, ha negado no solo su participación en esas organizaciones terroristas instrumentadas desde el Estado, sino incluso haber integrado la ultraderechista Juventud Uruguaya de Pie (JUP), que tenía existencia pública.

Según Langón, "no existe el menor atisbo de prueba" que justifique iniciar actuaciones judiciales en su contra. Pero la familia de las víctimas y el fiscal Ricardo Perciballe, ya en 2008, opinaban lo contrario y la desaparición de Sofía durante casi una década, hasta que fue detenido el martes 8 en Montevideo portando un documento de otra persona, parece confirmar la acusación. 

Bardesio, la CIA y el G2 cubano 

Aquel fue sin duda un día de suerte para Miguel Sofía. Estar atento a la radio, reflejos rápidos y la llegada a la zona de una oportuna patrulla del Departamento 6 de la Dirección Nacional de Información e Inteligencia (DNII) lo salvaron.

Los policías se tirotearon con los tupamaros a los que se les quedó el vehículo cuando iban a matarlo en su casa ubicada cerca de General Flores e Industria.Otro que se salvó porque esa noche no durmió en su casa fue el director de la DNII, Víctor Castiglioni.

Ese 14 de abril de 1972, al día siguiente de un paro general de la Convención Nacional de Trabajadores, el MLN-T cayó en una emboscada y provocó su propia derrota militar cuando ejecutó el Plan Hipólito y asesinó a cuatro presuntos integrantes del Escuadrón de la Muerte e hirió al menos a dos.

En el libro Sendic, del periodista Samuel Blixen, se recogen varias posturas críticas antes de la ofensiva. "Vamos a ir a un enfrentamiento con el Ejército. Yo no estoy muy de acuerdo, pero los compañeros han decidido eso", recordó el tupamaro Germán González acerca de una conversación que tuvo con Raúl Sendic.

Los tupamaros caídos en esa sangrienta jornada fueron ocho. Dos de ellos —Nicolás Gropp y Norma Pagliano— murieron esa mañana en el enfrentamiento que se produjo en el Cerrito de la Victoria, cerca de la casa de Sofía. Los agentes de Inteligencia, seguramente con la sangre caliente por las bajas sufridas minutos antes, remataron al hombre con un disparo en la frente y llevaron al Hospital Militar a la mujer.

La versión de que el mismo día que mataron en diferentes puntos de Montevideo y Las Piedras a Armando Acosta y Lara, al capitán de corbeta Ernesto Motto, al subcomisario Oscar Delega y al agente Carlos Leites, también iban por Sofía, nunca fue confirmada de manera oficial. Sin embargo, Blixen —que integró el comando que mató a Acosta y Lara— lo da por un hecho en la biografía de Sendic publicada en 2000.

A su vez, Langón afirma en una respuesta a su cliente: "Ud. fue condenado a muerte por el MLN (sin proceso y sin posibilidad alguna de defensa)" y "el día que se llevó a cabo la ofensiva tupamara" también "se pretendió atentar contra su vida, fracasando el conato por la intervención de la autoridad"

Para que se produjera el baño de sangre del 14 de abril, poco después de comenzado el gobierno de Juan María Bordaberry, tuvieron que ocurrir algunos hechos vinculados con la intervención de Estados Unidos para frenar el crecimiento de la izquierda.

Un año después de la muerte del asesor policial estadounidense Dan Mitrione en manos de los tupamaros, los escuadrones de la muerte estaban operando a todo trapo y el 17 de abril mataron a ocho comunistas en la seccional 20 del Partido Comunista, donde resultó herido de muerte un capitán del Ejército.

Además del Club Naval y la Oficina de Estadísticas, Contralor y Difusión (OECD) que dirigía el inspector retirado Jorge Grau, otro de los centros donde se planificaban las operaciones paramilitares estaba ubicado en un estudio fotográfico del Parque Rodó.

A través del G2, la inteligencia cubana, que había tenido durante años a un agente infiltrado en la estación de la CIA en Montevideo, los tupamaros recibieron la información de que el fotógrafo policial Nelson Bardesio, que trabajaba para los estadounidenses y dirigía el estudio Sichel, en Bulevar España 2291, era un eslabón débil que podía aportar información.

En febrero de 1972, mientras estaba en el estudio, Bardesio fue secuestrado por un comando del MLN-T y fue liberado luego de permanecer 100 días en cautiverio. Antes firmó una declaración donde dejaba al descubierto casi toda la estructura clandestina.

Colorados 

Los nombres involucrados fueron no solo de policías y militares, sino también de políticos colorados en el gobierno. Iban desde el ministro del Interior de Jorge Pacheco Areco, Santiago de Brum Carvajal, los subsecretarios Acosta y Lara y Carlos Pirán, el misterioso paraguayo Ángel Pedro Crosa Cuevas, hasta oficiales del Ejército y la Armada, como el general retirado Juan Pedro Ribas o los capitanes Mario Risso y Jorge Nader así como oficiales y agentes policiales de menor rango.

Sofía figuraba en ese relato arrancado bajo presión como "principal colaborador" y hombre de confianza de Crosa. Tenía su propio grupo compartimentado, operaba con el nombre de guerra de José y era frecuente visitante del despacho de Acosta y Lara en Mercedes y Julio Herrera y Obes. 

Según el relato, fue parte, entre otros crímenes, de la muerte y desaparición del joven Héctor Castagnetto, el 17 de agosto de 1971.

Con diferentes firmas y operando en cinco grupos clandestinos, con logística del Estado y armas y explosivos traídos desde Paraguay, Brasil y Argentina, el Escuadrón mató también a Ibero Gutiérrez. En julio de 1971 habían desaparecido a Abel Ayala.

Ibero Gutiérrez fue asesinado y abandonado cerca de Paso de la Arena mientras Bardesio aún estaba en manos de los tupamaros.

Otro de los objetivos de los paramilitares era influir en la campaña electoral de 1971 mediante el terror, y eso llevó a realizar atentados con explosivos en locales políticos y casas de personalidades de izquierda, en especial de abogados como Arturo Dubra y María Esther Gilio.

El ahora detenido en la cárcel de la calle Domingo Arena, aunque niega haber integrado los "grupos de tareas", reivindica su condición de militante del Partido Colorado. De hecho integró los padrones partidarios hasta 2010, cuando su nombre ya muy "quemado" fue depurado coincidiendo con el hecho de que comenzó a estar en listas de buscados por Interpol.

Dos años después, una persona llamó a la Casa del Partido Colorado para saber si Sofía podía reingresar a la vieja colectividad. La entonces secretaria general, Martha Montaner, analizó el tema y entendió que Sofía no cumplía con los requisitos para ser afiliado. Así se lo transmitieron a la persona —quizás el propio interesado— cuando volvió a llamar.

El argumento esgrimido una y otra vez por Langón era desacreditar las declaraciones de Bardesio, detenido en 2008 en Buenos Aires, extraditado, luego procesado en Uruguay y ahora en prisión domiciliaria. La defensa argumentó que la causa incoada a partir de las declaraciones en condiciones irregulares de este agente que había sido entrenado por la SIDE en Argentina no tiene valor, ya que se aplica "la doctrina del fruto del árbol envenenado o emponzoñado"

Sobre un punto el abogado tenía razón: en 1972 Bardesio había declarado en la "cárcel del pueblo" bajo presión, sin defensa legal y a menudo con un revólver amartillado y con el caño apoyado en la cabeza.

Pero ya entonces y también 36 años después, los hechos habían sido confirmados ante la Justicia. Y no solo por Bardesio, sino por los cubanos, los historiadores, el entonces jefe de la inteligencia militar, Ramón Trabal, el senador Juan Pablo Terra y hasta documentos desclasificados de Estados Unidos.

"Un pituco que entraba y salía del despacho del subsecretario del Ministerio del Interior" Acosta y Lara. Así describió a Sofía el policía Pedro Walter Freitas en 2008 al semanario Brecha. Freitas fue uno de los procesados por pertenecer a esa estructura ilegal que también habían integrado los entonces jefes de los departamentos 5 y 6 de la DNII, Hugo Campos Hermida y Juan Pedro Macchi, ya fallecidos.

Luego de que el pasado jueves 10 Sofía fuera enviado a prisión preventiva en el marco de la causa que lo investiga por homicidio muy especialmente agravado, desaparición forzada y asociación para delinquir, el abogado que asumió su defensa —tras el fallecimiento de Langón—, Miguel Martínez Chaer, presentó, un recurso de inconstitucionalidad alegando la prescripción de los hechos.

En 2009, la Justicia confirmó el procesamiento de Freitas y Bardesio por homicidio muy especialmente agravado extendiendo la prescripción por razones de peligrosidad. El ahora detenido había tomado el camino de negar todo y presentarse como un dispendioso empresario con tres títulos universitarios.

"No existió un escuadrón de la muerte. De haber existido, lo que hubo fueron distintos grupos que se opusieron a los terroristas sediciosos que pretendieron tomar el poder por las armas. Nunca integré ese supuesto escuadrón. Nunca estuve en ningún grupo fascista ni de extrema derecha. Nunca integré la JUP. Tal como podré demostrar fehacientemente ante la Justicia, dejando al desnudo todas las falsedades y ataques de que he sido víctima durante estos últimos casi 40 años", dijo en una entrevista con el periodista Luis Casal Beck en Caras y Caretas antes de desaparecer durante casi una década.

Juan Pablo Terra y Sanguinetti

Luego de la dictadura (1973-1985), el exsenador del Partido Demócrata Cristiano (PDC) Juan Pablo Terra reveló la existencia de una conversación de marzo de 1972 acerca de los escuadrones de la muerte que habría integrado Miguel Sofía, detenido el pasado martes 8.

El encuentro entre Terra y el entonces ministro de Educación y Cultura Julio María Sanguinetti se produjo porque el legislador frenteamplista estaba muy preocupado por la muerte de jóvenes a manos de paramilitares.

Con posterioridad, en varias ocasiones, el propio Sanguinetti­ hizo referencia a esa conversación. "Juan Pablo me visita un día para plantearme su preocupación sobre la existencia de ese grupo. Le señalé que no creía que hubiera una real organización, pero viniendo de su persona y siendo evidente que se habían producido algunas criminales represalias, aisladas y dispersas, ello daba pie a pensar que se estaban dando desbordes personales o de grupúsculos pequeños de la órbita policial", contó Sanguinetti en agosto de 2008 en una carta enviada a Brecha.

Sanguinetti relató que entonces se entrevistó con el presidente Juan María Bordaberry y que este "rechazó toda vinculación, autorización u orden al respecto, informándome más tarde que no encontraba evidencias, pero que como prevención le parecía tranquilizador dispersar territorialmente a esos presuntos terroristas para que no pudieran conectarse con facilidad y actuar en conjunto, si era ese su propósito"

Una versión de allegados a Terra, fallecido en 1991, indica que el 2 de marzo de 1972, el senador se había reunido con el policía Mario Benítez, que integraba el equipo del fotógrafo policial Nelson Bardesio y que este le proporcionó información detallada acerca del funcionamiento del escuadrón de la muerte.

Esa información era la que había llegado al nuevo ministro del Interior Alejandro Rovira de manos de Sanguinetti, pero eso en nada había cambiado las cosas.

El fugado del escuadrón

Raúl Ronzoni Búsqueda

Hace siete días que el exintegrante del Escuadrón de la Muerte, Miguel Sofía, ocupa una celda en la cárcel de Domingo Arena. El jueves 10 se reencontró con viejos conocidos. Allí están militares y policías que en los años 70 compartieron la filosofía de imponer su ideología secuestrando y asesinando a militantes de la izquierda.

Ahora la Suprema Corte de Justicia decidirá si la asociación para delinquir, la desaparición forzada, y los homicidios que se le imputan a Sofía prescribieron o son delitos de lesa humanidad, imprescriptibles. Antes, el expediente pasará al fiscal de Corte, Jorge Díaz. Su opinión no es vinculante pero ha sostenido que son crímenes de lesa humanidad.

Lo acaba de manifestar sobre los expolicías e integrantes del escuadrón, Nelson Bardesio y Pedro Freitas. Están en la cárcel por el homicidio especialmente agravado de Héctor Castagneto en 1971. En esos hechos está involucrado Sofía.

La Corte ha rechazado que sean delitos de lesa humanidad. En noviembre, el ministro Jorge Chediak dijo al semanario Crónicas que esos delitos fueron aprobados en 2006 (artículo 21 de la Ley 18.026) y son imprescriptibles. Pero, precisó, solo existen para el futuro de esa fecha; en delitos anteriores se aplica la prescripción vigente de cuando se cometieron.

A 47 años de la desaparición y asesinato de Héctor Castagneto, Manuel Ramos Filippini e Ibero Gutiérrez, y a casi 10 de que Sofía se convirtió en prófugo, la sentencia, sea cual fuere, cerrará esa parte de la guerra sucia que sumergió al país en un baño de sangre. La responsabilidad penal de Sofía es la única pendiente.

Fue capturado el martes 8 en Punta Carretas. Por tratarse de hechos previos al actual Código del Proceso Penal, la Policía lo puso a disposición de la jueza penal Fanny Canessa. Hace 10 años el fiscal Ricardo Perciballe pidió su procesamiento. Una acción de inconstitucionalidad presentada por el abogado Aníbal Martínez Chaer frenó el trámite en el juzgado de Canessa y lo dirigió a la Corte.

En abril de 2009, por primera vez en un documento oficial, un fiscal dijo que existió un grupo paramilitar de ultraderecha que en los 70 actuaba con el aval del Ministerio del Interior y el apoyo de agentes de la CIA.

Solicitó el procesamiento de Sofía, Bardesio, Freitas, Jorge Grau y Ángel Grignoli por "asociación para delinquir", "desaparición forzada" y "homicidio muy especialmente agravado" por los casos de Castagneto, Ramos Filippini y Gutiérrez cometidos en 1971.

Los involucrados por la jueza Graciela Eustachio en el caso de Castagneto son Bardesio, Freitas y Sofía, aunque no analizó su responsabilidad por estar prófugo.Para la jueza, los delitos imputados no son de lesa humanidad. Consideró prescritos los homicidios de Ramos Filippini y Gutiérrez y así liberó la responsabilidad de Grau y Grignoli.

Mantuvo el de Castagneto al elevar en un tercio el plazo de prescripción de 20 años. Consideró a Bardesio y Freitas como sujetos "peligrosos" (artículo­ 123 del Código Penal) y recordó que tampoco se considera el período de la dictadura entre el 27 de junio 1973 y el 1° de marzo de 1985.

El Tribunal de Apelaciones de tercer turno coincidió con la tesis de Eustachio. Lo integraba Bernadette Minvielle, que hoy es ministra de la Corte Si la Corte mantiene su posición sobre la prescripción, igual Sofía puede ser responsabilizado por el secuestro y muerte de Castagneto. Como Bardesio y Freitas.

La inmoralidad de Sofía tiene otros ribetes. En la dictadura fue funcionario de la sección consular del Ministerio de Relaciones Exteriores. Puesto clave: allí se controlan los pasaportes. El gobierno militar luego lo designó segundo secretario y agregado de Prensa en la Embajada de Uruguay en Estados Unidos. Tenía como misión contrarrestar la ofensiva de prensa contra la dictadura que desarrollaban Wilson Ferreira Aldunate y la Convergencia Democrática con el apoyo de la administración del presidente Jimmy Carter y del senador demócrata Edward Kennedy.

En medio de ese operativo afloró un miserable ladronzuelo: robó en dos ocasiones en un supermercado y el gobierno de Estados Unidos solicitó su remoción. Regresó a Uruguay pero no fue destituido. Sus servicios en el escuadrón eran de mayor peso. Tenía entre otros el respaldo del director general del ministerio, el coronel Walter Machado y fue designado en la Embajada en Taiwán.

A su regreso, el gobierno militar le concedió una onda radial que denominó Emisora del Plata. Su éxito lo llevó a fundar el Grupo del Plata: FM Total, Futura, Cenit de Rivera, Real de San Carlos de Colonia, Santa Rosa de Canelones y La Pradera de Rocha. Las vendió en 2007 al poderoso empresario mexicano Ángel González, que utilizó testaferros. Fuentes del sector sostienen que Sofía cobró más de un millón de dólares.

Su espera entre rejas no se limita a violaciones a los derechos humanos. El fiscal Carlos Negro y el juez penal Alejandro Asteggiante ordenaron la semana pasada su prisión preventiva por 60 días por "falsificación ideológica por un particular" y "uso de certificado falso". Usó una cédula auténtica de Adolfo Casaballe Lapido, a quien le fue hurtada hace varios años. Así logró viajar a Argentina y también evitar su captura.

¿Alguien de tal notoriedad puede permanecer 10 años prófugo sin ser ubicado? Vivía y veraneaba en lugares de gran afluencia de público. ¿Nadie lo reconoció? Las viviendas en las que vivía en Montevideo y Punta del Este eran notorias. Solo es posible con la ayuda de algunos o el silencio cómplice de otros. ¿Quién o quiénes? Difícil determinarlo.

Tomado de: http://infoposta.com.ar/notas/10089/miguel-sof%C3%ADa-el-colorado-paramilitar-fascista-que-zaf%C3%B3-del-atentado-de-los-tupamaros-y-evit%C3%B3-48-a%C3%B1os-a-la-justicia/

 

                                      

 

ESCUADRONES DE LA MUERTE, CAPTURAN A MIGUEL SOFIA PRÓFUGO DESDE UNA DÉCADA

 
Enero 2019
 
Observatorio Luz Ibarburu advierte: captura pondrá a prueba eficacia del sistema judicial

Por Jean Georges Almendras-9 de enero de 2019

"Finalmente capturado" tituló el sitio web "El Muerto" este pasado martes 8 de enero de este 2019, refiriéndose a un siniestro personaje recientemente detenido por las autoridades de INTERPOL. Uno de los muchos  personajes  que formaron parte del aparato represivo en el Uruguay y en la Argentina, en tiempos de dictadura, y a quien se le dio la voz de alto cuando caminaba por las calles del barrio Pocitos de Montevideo. Estamos hablando de Miguel Antonio Sofía Abeleira,  cuya solicitud de captura internacional había sido emitida por INTERPOL en el año 2009.

De acuerdo a lo informado por la oficina de Información del Ministerio del Interior, un operativo realizado en Montevideo, permitió darle arresto. Previamente  ya se había hecho un primer operativo en un edificio de Punta del Este, donde los resultados fueron negativos respecto a su persona, no así en cuanto a la incautación de documentación que se estima fue vital para que los investigadores, prácticamente en una carrera contra reloj, continuaran su labor en la  capital del Uruguay, con los resultados conocidos.

Los primeros datos extra oficiales relacionados con la captura de Sofia se orientan en destacar que fueron muchas personas, desde sus diferentes puestos de trabajo, bien sea como operadores de la Fiscalía, o de la Justicia o de la Policía, las que intervinieron bajo diferentes modalidades para concretar la captura del represor uruguayo, que estaba literalmente prófugo desde hace una década.

En este sentido  debemos consignar que Miguel Sofía, en los años 60 y 70,  formaba parte de los escuadrones de la muerte, denominación que sugería sin temor a equivocación alguna a verdaderos comandos caza Tupamaros (o grupos tristemente clasificados como de Defensa Armada Nacionalista) que operaban macabramente  en el Uruguay. Comandos salidos y creados de las entrañas mismas de la extrema derecha uruguaya. Comandos integrados por personal policial y militar en muchos casos, o por personas que tenían (por motivos ideológicos, aunque no siempre) vínculos con ellos, aun siendo civiles. Comandos criminales, en definitiva.  

Básicamente estos comandos, operaban como otros grupos  en Buenos Aires y en el resto de la Argentina, en tiempos de dictadura militar. Grupos de tareas, como se decían en esos tiempos. Grupos de tareas con base en la Esma o en otras dependencias policiales, o en centros clandestinos de detención instalados en el cono bonaerense y en la provincia de Buenos Aires.

En Montevideo, en los años del terrorismo de Estado –y ya desde antes del 27 de junio de 1973, momento en que "oficialmente" se instala la dictadura militar-  los escuadrones de la muerte eran claramente la contra insurgencia operativa en todo el territorio nacional, siendo su principal cometido reprimir a los integrantes del Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros.

Sus integrantes no hacían otra cosa que secuestrar a las personas  para luego someterlas a tormentos, para finalmente asesinarlas. Sus objetivos principales no solo eran guerrilleros, sino además eran sindicalistas, abogados defensores de presos políticos, estudiantes y hasta familiares de muchos militantes de la izquierda uruguaya.

Haciendo una retrospectiva sobre Miguel Sofía, de acuerdo a lo informado en el 2009 y oportunamente por medios locales, se desclasificó  la confirmación de que en los años 70, en particular en el 72, ya el personal de la embajada estadounidense en el Uruguay tenía conocimiento de que en nuestro país operaban escuadrones de la muerte.

Hay que consignar que en el año 2009  también se registraron importantes acontecimientos en materia de actuaciones judiciales respecto a represores que formaron parte del terrorismo de Estado en el Uruguay. Uno de ellos por ejemplo fue el procesamiento con prisión del fotógrafo policial Nelson Bardesio y del ex agente de la Dirección Nacional de Información e Inteligencia, Pedro Freitas, por el delito de "homicidio muy especialmente agravado"

Por aquellos días, también  el por entonces fiscal letrado en lo Penal de 1er Turno, Ricardo Perciballe solicitó el procesamiento y prisión de Miguel Antonio Sofia Abeleira por el delito de "asociación para delinquir en calidad de autor en concurrencia fuera de la reiteración con un delito de desaparición forzada y dos delitos de homicidio muy especialmente agravados en calidad de coautor".

Por aquellos días, también  la jueza penal Graciela Eustachio solicitó la captura de Miguel Sofía únicamente a  nivel nacional, sin descartar que el requerido ya pudiera encontrarse fuera de la frontera uruguaya.

También por aquellos días, el ex Fiscal y por entonces defensor de Miguel Sofía, abogado Miguel Langón, dado el panorama de su patrocinado prófugo, tuvo el descaro de  solicitar la clausura y el archivo de la indagatoria por los escuadrones de la muerte, alegando específicamente, de acuerdo a lo informado por el sitio El Muerto "la prescripción de los delitos y la ausencia de pruebas" con el argumento de que "no hay prueba directa ni orden material, ni testimonios válidos" que demuestren la existencia de esa organización parapolicial a comienzos de los años 70.

Algo verdaderamente  falso, porque en aquellos días ya se sabía perfectamente que existían grupos parapoliciales y paramilitares (como DAN, JUP y CCT) y que sus integrantes actuaban en la clandestinidad y sistemáticamente cometían atentado, obviamente pertrechados con armamento proporcionado por el gobierno y con una logística de igual procedencia.

Como dato complementario debemos consignar que en El Muerto, recientemente se puntualiza o mejor dicho se  brinda una información muy sólida sobre la existencia de los escuadrones de la muerte.

Se informa textualmente, en el informe de Carlos Peláez: "El 24 de febrero de 1972 los tupamaros secuestraron a Nelson Bardesio quien habría confesado en la Cárcel del Pueblo la existencia de una organización terrorista integrada por civiles, militares y policías responsable del secuestro y muerte de los tupamaros Abel Ayala, Héctor Castagnetto, Manuel Ramos Filippini e ïbero Gutiérrez. Bardesio habría sostenido que había recibido entrenamiento en Buenos Aires, mientras que otros miembros lo habían recibido en Brasil y que autoridades de ambos países habían provisto a los escuadrones de armas y explosivos. Habría confirmado que los escuadrones habían atentado con explosivos contra el domicilio de varios abogados defensores de presos políticos y realizado un secuestro extorsivo contra el abogado de una empresa textil. El testimonio más impactante de Bardesio habría sido su participación  directa junto a otros integrantes de los escuadrones de la muerte en el secuestro de Castagnetto y la revelación de que su cadáver había sido arrojado a la bahía de Montevideo" .

En ese contexto, la información que aportó a Antimafia Dosmil el coordinador del Observatorio Luz Ibarburu, Raúl Olivera resulta por demás ilustrativa sobre los delitos de Sofía.

"Respecto de los delitos que se le imputan a Sofia (por su expresa participación) está la desaparición de  Héctor Castagneto ocurrida el 17 de agosto de 1971 y los asesinatos de Manuel Ramos Filippini, el 31 de julio de 1971 y de Ibero Gutiérrez Ruiz, el 28 de febrero de 1972"

Y agrega Olivera, representando al Observatorio Luz Ibarburu:"Héctor Castagneto fue secuestrado en la calle cuando iba a entregar unos discos que había vendido en la zona de Malvín. Se sabe que lo asesinaron pero el cuerpo nunca apareció. El cadáver de Ramos Filippini fue encontrado en las rocas de la playa de Pocitos detrás del parador Kibón. Tenía numerosos impactos de bala y los dos brazos quebrados. Junto al cuerpo había volantes del "Comando Caza Tupamaros (CCT) Oscar Burgueño". A Ibero Gutiérrez lo secuestraron probablemente en la calle. El cuerpo apareció al día siguiente en camino de Las Tropas y camino Melilla. Tenía 13 balazos: "Vos también pediste perdón. Bala por bala. Muerte por muerte. Comando Caza Tupamaros" decía el cartel que los asesinos dejaron al lado del cuerpo"

¿Cómo capturan a éste represor?

En primera instancia, y merced a una información que llegó a la Fiscalía actuante,  personal de INTERPOL en la tarde del 8 de enero llevó adelante un operativo en el edificio "Miami Boulevard" ubicado en parada 5 de Punta del Este, departamento de Maldonado. Concretamente se allanaron los departamentos 306 (donde en el período estival reside Miguel Sofía) y 204 (donde reside su hija).

Con posterioridad a los allanamientos que permitieron la incautación de documentación comprometedora, y al no encontrar a Sofía, rápidamente se movilizaron coordinadamente la Fiscalía, y personal de la Dirección de Crimen Organizado y de Interpol, y de esa forma, prácticamente corriendo una verdadera carrera contra reloj, en una casi cinematográfica acción, varios equipos de policías,  merced a la existencia de muy firmes indicios de que el prófugo Sofía estaría en la zona de Pocitos, bien en la vía pública o en algún comercio o restaurante, se lanzaron a las calles del barrio cercano a la rambla, y en ese accionar, sobre la hora 20 se detectó a Miguel Sofía caminando por una calle. Detectado y confirmada su apariencia física policías de Interpol se fueron aproximando a donde se encontraba y sin darle tiempo a reacción alguna se le dio la voz de alto, esposándolo e introduciéndolo en un vehículo oficial, celosamente custodiado. Al momento de ser detenido, obviamente, Sofía buscó evadir su real identidad enseñando un documento con un nombre falso: Adolfo Aldo Casaballe Lapido, según consigna "El Muerto"

Su última treta legal no le sirvió absolutamente para nada. Después de diez años de impunidad cayó en manos de las autoridades, cerrándose un capítulo pero abriéndose otro.

Precisamente el Observatorio Luz Ibarburu, quizás con plena conciencia de que tras la instancia de captura sobreviene la instancia judicial, que resulta ser esencialmente  demás determinante y vital para  destruir la cultura de la impunidad imperante, emitió públicamente una advertencia, compartida íntegramente por la redacción de Antimafia Dos Mil.

"El Observatorio Luz Ibarburu (OLI) advierte, que si bien la detención de Sofía abre la posibilidad a que la justicia investigue más sobre el funcionamiento del Escuadrón de la Muerte así como sobre las complicidades que hicieron posible su fuga y las entradas y salidas del país durante la década que estuvo prófugo, también pondrá a prueba la eficacia del sistema judicial para neutralizar las estrategias dilatorias que sin duda se desarrollarán para que continúe operando la impunidad"

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*Foto de Portada: www.elmuerto.com / tomada del muro de Alejandro Gabard Stadler

Fuente:  http://www.antimafiadosmil.com/index.php/archivo-tematico/