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"Las mujeres del movimiento sindical han forjado la capacidad de convocar jóvenes a esta doble identidad: de clase y de géneros"

Entrevista a Estela Díaz, secretaria de géneros de la CTA de los trabajadores y las trabajadoras, e integrante de la Comisión por la liberación de Milagro Sala.

Por Soledad Allende

El feminismo sindical no sólo tiene un rol importante en la defensa de los derechos de trabajadores, también tiene un rol en el acercamiento de posiciones hacia una unidad electoral indispensable para poner fin a este ciclo de acumulación financiera, expoliación de los recursos naturales, y de estado de sitio virtual.

Más importante aún: el feminismo sindical encarna muchas de las demandas contrahegemónicas capaces de marcarle la agenda a un gobierno popular. Esto es así porque tiene la capacidad de enlazar la demanda por los derechos sexuales y reproductivos y la agenda de los cuidados, con las demandas económicas, sociales y políticas del campo popular, esquivando las falsas dicotomías que intentan deslegitimar a los feminismos populares como proyectos políticos integrales.

Estela Díaz, secretaria de géneros de la CTA de los trabajadores y las trabajadoras, e integrante de la comisión por la liberación de Milagro Sala, dialogó con Agencia Paco Urondo sobre la importancia de entender a los feminismos populares como proyectos políticos integrales, y sobre algunas contradicciones que operan al interior del feminismo por un lado, y al interior de las alternativas nacionales y populares por el otro.

Agencia Paco Urondo: ¿Por qué el feminismo popular, y en particular el sindical, emerge como actor ineludible en ésta nueva oleada neoliberal?

Estela Díaz: Creo que nosotras nos encontramos en una tercera fase de la implementación del modelo neoliberal en la Argentina. El primero fue con la dictadura, el segundo fue en los '90 y ésta es la tercera. Cada una tuvo sus características particulares pero creo que en este período, la fuerte resistencia de las mujeres en la Argentina y en el mundo, dan cuenta de algo que está pasando en la relación entre el neoliberalismo y los modos de desigualdad, explotación, de violencia, de dominio y control respecto de los cuerpos de las mujeres. Hay una resistencia en clave feminista -hay quienes hablan de la cuarta ola feminista- popular, latinoamericana, que se proyecta desde las periferias hacia el centro.

Las mujeres del movimiento sindical han forjado la capacidad de convocar jóvenes a ésta doble identidad: de clase y de géneros. A partir especialmente del triunfo de la Alianza Cambiemos (en Argentina) hemos sido testigos de una gran resistencia liderada por la movilización del sindicalismo y de los feminismos populares. Ésto tiene mucho que ver con el acumulado social y político de los períodos de gobierno popular de Néstor y de Cristina que contribuyeron a dos factores decisivos: Por un lado la politización de la sociedad y el fortalecimiento del sindicalismo y de las organizaciones populares, y por otro lado a la creación de un contexto de ampliación de derechos que siempre alienta a ir por más.

Son el sindicalismo y los feminismos quienes están discutiendo cuáles deben ser las características de la alternativa que aspire a la creación de un gobierno de carácter popular.

No es casual que de los seminarios llevados adelante en el Instituto Patria, el que estalló en audiencia y participación haya sido el de Peronismo y Feminismos. Porque tampoco es casual que el planteo de esta cuarta ola feminista, que contiene experiencias emancipatorias, nazca de los países América Latina, que fueron víctimas históricas de la colonización, la dominación imperial, racista y patriarcal. En lo local tuvimos el Ni Una Menos, que rápidamente tomó un carácter mundial, el Paro Internacional de Mujeres que convocó también a más de 50 países y la Marea Verde, que cobró y cobra una fuerza inédita. No hay en el mundo antecedentes de movilizaciones de masas de semejantes dimensiones por el derecho al aborto en las calles. Pero además algo que nosotras decíamos cuando se hizo ese debate era que estemos confiadas, porque esa juventud se movilizó y no espontáneamente, sino producto de una campaña de 13 años, de un gobierno popular que amplió el horizonte de lo posible, donde cada derecho conquistado nos animó a pensar los que faltan.

APU: Hay compañeras del campo nacional y popular que consideran la contradicción pañuelos verdes y celestes como una falsa dicotomía ¿Qué pensás de esto?

ED: Considero que hoy estamos viviendo una situación en la que la contradicción principal que tenemos es la derrota de la Alianza Cambiemos. En éste sentido es necesaria la construcción de la alianza más amplia y sabemos que el debate central no es el tema del aborto sino la discusión del modelo económico, del tipo de proyecto político que está en juego: popular o anti popular. Existen posiciones transversales y ésto se evidenció en el debate en el Congreso de la Nación por la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo (2018), pero podemos verlo en la historia misma de la lucha de los debates legislativos respecto de los derechos de las mujeres. En las fuerzas del campo Nacional y Popular hay visiones que son conservadoras respecto de los derechos de las identidades de gènero no hegemónicas.

Nosotras buscamos la mayor unidad reconociendo que esa unidad no es homogeneidad y que esa unidad tiene en su seno tensiones. Pero reducir las tensiones sólo al debate del aborto es hacerle un favor a quienes plantean que nunca es tiempo de este debate. Dentro del proyecto político hay tensiones, las hay dentro del Peronismo con sectores que son más conciliadores que otros con el poder. Cuando pensamos cómo se construye un gobierno popular y cuál es el tipo de Estado, no se trata sólo del aparato burocrático del Estado sino de cuál es el modelo de Estado para un gobierno popular y eso trae tensiones. Éstas se expresan, por ejemplo, en el campo de lo social en cómo imaginamos los lugares de las mujeres, de los colectivos de lesbianas, travestis, trans, cómo imaginamos a los pueblos originarios, los debates del ambiente y el territorio, entre otros.

Los pañuelos son otra cosa. Ahí hay una distinción que no es si estoy a favor o en contra del derecho al aborto. El pañuelo verde viene de la lucha del movimiento feminista, de los Encuentros Nacionales de Mujeres. Está enraizado en una identidad de lucha emancipatoria, de convocatoria de las juventudes. De hecho, en la actualidad, aunque no haya perspectiva de debate en el Congreso, los pañuelos prevalecen en las mochilas y muñecas de identidades de todas las edades.

El pañuelo celeste fue una decisión de los sectores antiderechos. Fue una decisión de arriba para abajo, de disputar con la simbología pero además de manera profundamente violenta y patriarcal. Representa la vulneración de los derechos. Está en contra de la vida y la autonomía de las mujeres; y lo vimos del modo más brutal y cruel en las experiencias de las niñas violadas y embarazadas de Jujuy y Tucumán.

Es muy interesante escuchar a la médica Cecilia Ousset, que garantizó la Interrupción Legal del Embarazo a la chiquita de Tucumán que estaba en riesgo de vida. Ella reflexionó: yo soy objetora de consciencia, no estoy de acuerdo con la práctica del aborto pero primero no soy obstructora y segundo corría riesgo de vida. Tengo un deber médico frente a esta vida.

Al pañuelo celeste lo enarbolan mujeres, es cierto. Tuvieron muchas voceras en el Congreso de la Nación pero una las escucha como voceras de su propio dominio, de su propia subordinación, en la instrumentación de su propio cuerpo y de su propia subjetividad y eso es lo que más me produce dolor o desazón. Cuando las mujeres son voceras contra sí mismas.

Los pañuelos no son equiparables para nada. Estamos en un contexto donde el centro del debate, como decía al principio, es la derrota del neoliberalismo, la construcción de la mayor unidad política. Después vamos a necesitar poner en debate una fuerte correlación de fuerzas popular que pueda recuperar los resortes del Estado fundamentales para poder gobernar frente al desastre devastador que están dejando.

APU: Este es un año electoral y el movimiento feminista viene creciendo fuerte y marcando una agenda antineoliberal. Sin embargo, hay contradicciones dentro del movimiento y niveles de confrontación que amenazan con dividirlo. Algo que quedó evidenciado el 8M ¿Qué es lo sucede con éstas diferencias polìticas?

ED: El feminismo es muy plural, contiene expresiones de mujeres de los sectores partidarios, del feminismo autónomo, del estudiantil y del sindical, entre otros. Un movimiento que crece en tales dimensiones,que está en todos lados, como decimos nosotras, está atravesado por tensiones fuertes. En ese sentido yo señalaría dos cuestiones, y algunas que apuntan al quiebre del movimiento.

Hay sectores de la partidocracia de la izquierda tradicional que observan con preocupación la acumulación propia. Desde allí se promueven tensiones que llevan al límite de la ruptura. Un ejemplo de esto es lo que pasó en la organización del 8 de Marzo: Asambleas que dividen, que parten, que no permitieron que se trabajara en comisiones, que llevaron los debates desde las cuatro de la tarde a la una o dos de la mañana; algo que no podemos hacer las mujeres comunes. Esas mujeres, las del feminismo popular quedamos afuera.

Esa espuria estrategia electoral fue llevada adelante en el horario central, todos los canales de televisión estaban mirando el que sería el inicio del acto. Un acto que emblematicamente empezaban nuestras Madres, a las que queremos tanto: Taty Almeida, Lita Boitano. Ese momento, que era el momento para decirle al país que estábamos en Buenos Aires pero que estábamos movilizadas en el país entero, contra el neoliberalismo, contra el FMI, contra el ajuste, contra el gobierno de la Alianza Cambiemos, por el derecho al aborto y contra las violencias, lo utilizaron para poner en juego no sólo una mentira política sino una estrategia -para mí- con fines espurios electorales.

Esto es la muestra de una acción absolutamente funcional a la derecha, contra-revolucionaria. Este es un actor que juega, y este año ha jugado con mucha fuerza y virulencia especialmente contra el sector sindical. Después existen otras tensiones pero que se pueden dirimir construyendo acuerdos. La Campaña por el Derecho al Aborto es un ejemplo de esto. Es una construcción de 13 años que logró lo que logró, y supo tramitar las diferencias sin quiebres. En este sentido crece la articulación de un feminismo popular, nacional y que se entiende en el entramado de debates para la deconstrucción de nuestras organizaciones, de nuestras prácticas. Que es aliado de la lucha por el derecho al trabajo y que disputa, en concreto, el fortalecimiento de la organización popular para derrotar al neoliberalismo y para pensar a un gobierno popular que sea además feminista. Despatriarcalizado, descolonizado, feminista y con justicia social.

Fuente: http://www.agenciapacourondo.com.ar/generos                   

                               

 

                                  Sin feminismo popular no hay justicia social

A un año del primer dossier sobre feminismos populares, nos permitimos reflexionar sobre las discusiones que habilitó esta noción y los desafíos del movimiento feminista para la madre de las batallas: ¿Hay 2019?

                    

Por Paloma Baldi, Julia Pascolini y Soledad Allende
Fotografía: Lucía Barrera Oro

¿De qué hablamos cuando hablamos de feminismo popular?

Parafraseemos a Hernández Arregui: somos feministas porque somos peronistas. Desde este lugar, asociamos lo popular a la praxis política que brega por la independencia económica, la soberanía política y la justicia social. O, en palabras de quien lidera el arco nacional-popular en Argentina: "Al movimiento nacional, popular y democrático vamos a tener que agregarle feminista".

En boca de Cristina Fernández, la actualización doctrinaria fue innegable. La discusión del aborto legal arrojó claridad a una fracción enorme del pueblo de Nuestramérica y, particularmente, al de nuestra Nación. Los feminismos populares, o al menos los que no están asociados al liberalismo, tienen bases asentadas que datan del siglo pasado. Hablamos de movimientos que bregaron por el derecho de las personas racializadas, de enclave antiimperialista, anticolonialista, de base, con perspectiva de género y de clase.

En primer lugar, es urgente decir que hablamos de feminismos porque reconocer la pluralidad de perspectivas dentro de un mismo movimiento no es asumir debilidades sino apropiarse de su inminente carga política, ¿qué movimiento no ha tenido variabilidad de perspectivas? Pero, sobre todo, es reconocer que las luchas que hacen a un mismo movimiento están vinculadas a la urgencia ya la necesidad que las caracteriza. Los feminismos populares son un movimiento homogéneo en sí mismo, que representa a un sector de la sociedad sumido históricamente en la doble o triple opresión. Es un movimiento con noción, sobre todo, de que los derechos son adquiridos por el pueblo y no derramados por el poder del capital.

A diferencia de lo que muchos nos quieren hacer creer, los feminismos no son hechos aislados de la historia del mundo, ni tampoco de la historia de Nuestramérica torturada, ni del hambre, ni de la esclavización de los pueblos oprimidos, ni de las políticas públicas -o privadas- particulares de cada nación. En 2015, y más específicamente a partir del primer Ni Una Menos, la perspectiva respecto de las discusiones de géneros fue modificada y no por arte de magia: porque la política no es magia y nunca lo fue.

Queremos dejar de tener que explicar con libros y teorías aquello que fácilmente puede verse en las calles. Queremos que dejen de preguntarnos qué autor lo dijo, porque seguro fue una autora y se llama revolución.

No es secundario, es prioridad

Es un error asociar la lucha por la despenalización y legalización de la Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) a una política de olvido y desviación de las prioridades que azotan a la región latinoamericana. La prioridad es que las personas con capacidad de gestar puedan decidir, que las pibas y los pibes reciban Educación Sexual Integral durante su desarrollo y formación, para que les garantice autonomía y seguridad política sobre sus cuerpos y acciones. La prioridad es re-escribir la historia mundial para que incluya la doble y triple opresión a la que las mujeres pobres y racializadas han sido sometidas. Queremos leer la historia de las mujeres que fueron arrastradas con el objetivo de fomentar el flujo del capital en pocas manos y para inaugurar estructuras de control sobre los cuerpos, sobre la mano de obra, sobre los pueblos colonizados. Queremos leer cómo resistieron, como resisten.

En este sentido la irrupción masiva de las discusiones en torno al género en la región nuestroamericana puso en evidencia las falencias que conviven en las organizaciones en esta materia: la negación sistemática de la actividad de las compañeras, producto de la normativización de las prácticas de silencio y de ninguneo. A través de, en muchos casos, el abuso físico y psicológico. A través de la violación. La tarea con la que contamos quienes hacemos comunicación popular es la de comunicar responsablemente, y para ésto debemos poner en palabras aquello que siempre estuvo en mudo.

En Argentina lo colectivo es palabra común y por común queremos referirnos a la capacidad de hacer política en la calle, codo a codo, transformando las exigencias que parecían individuales en necesidades colectivas. Las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, las directoras de merenderos y ollas populares, son la corporalidad de las necesidades y del poder popular. Pero existe otro factor que hizo de las urgencias populares una realidad concreta: un Estado para todas, todes y todos. Y como cuando hablamos del Estado nos referimos tanto al gobierno de turno como al arco civil, también tenemos la responsabilidad de nombrar a Cristina, a Néstor, a Evita y a Perón. Porque sin un gobierno que reconociera las falencias estructurales de una sociedad azotada por la colonización cultural y física, las exigencias populares no hubiesen obtenido las respuestas que obtuvieron. Para que las amas de casa fueran reconocidas por su trabajo histórico y las AFJP (Administradora de Fondos de Jubilaciones y Pensiones) fueran tarea del Estado, existió un pueblo caminante y un gobierno popular.

Sin embargo, el proceso de popularización del estado y de los procesos políticos en nuestra nación entre 2003 y 2015 fue leído en clave patriarcal. Faltábamos las mujeres, las personas travestis/trans, las lesbianas y todas las disidencias. A pesar de la creciente presencia de estos actores en todos y cada uno de los escenarios en los que la política finalmente recuperó las discusiones en torno a los géneros, dijeron que no era tan importante y que la lucha de clases era prioridad. Quedan cordialmente informados: el género es un acto político en sí mismo y una construcción social para la opresión, pensado para la balcanización y diferenciación del poder. La quema de brujas (siglos XVI y XVII) no fue otra cosa que el disciplinamiento sistemático de los cuerpos con capacidad de gestar. Significó el control sobre la producción de mano de obra y la opresión/violación de los pueblos originarios, durante uno de los mayores genocidios que la historia puede describir: la colonización de América.

Seguimos insistiendo: Milagro Sala es una presa política por negra, coya y mujer. El modelo de saqueo extractivista que propone el Plan Belgrano en el norte del país no puede concretarse si en el lugar resisten quienes históricamente fueron las y los trabajadores de la tierra. Milagro no significó otra cosa que un obstáculo para los planes de recolonización de la región.

Los desafíos del año electoral

La fragmentación del peronismo, la crisis de representación de la que todavía no emerge la institucionalidad política en un sentido amplio, y el feminismo como identidad político ideológica heterogénea consolidada como uno de los discursos que motoriza la movilización de masas, son tal vez los tres elementos que deben analizarse, en su propia lógica y en la relación que existe entre ellos.

Éstas elecciones en particular dependerán en mayor medida que elecciones anteriores de la intervención de la militancia en términos de propaganda política. El movimiento de mujeres y el feminismo tendrán, como en Brasil, un rol fundamental dentro de esta militancia política. Es un actor ineludible en el escenario político nacional y global, y está enfrentado al neoliberalismo por definición. Esto es así porque es una de las demandas populares más fuertes y novedosas que se han construido en este período de resistencia, y cualquier proyecto contrahegemónico deberá incorporarlo a su agenda, y a su matriz discursiva.

Este año el escenario electoral va a estar fuertemente marcado por la impronta del 8M, las jornadas de lucha por Interrupción Voluntaria del Embarazo, y sobre todo el Encuentro Nacional de Mujeres. Hay un enorme activo político que se nucleará en estas jornadas y que no se verá interpelado por la institucionalidad política tradicional.

Existe un crecimiento exponencial de la militancia ligada a las ideas feministas en los ámbitos tradicionales de la política, pero también existe un proceso de "conversión" de muchas compañeras que ya tienen una trayectoria política. Esto irá generando a lo largo del año una red de relaciones políticas que seguramente no se vea expresada en la puja de candidaturas (cupo femenino no es igual a cupo feminista), pero sí representa un momento de acumulación política para el feminismo nacional y popular que tal vez pueda capitalizarse más adelante en términos de representación. Si las organizaciones excluyen al feminismo, esa red se construirá por fuera.

http://www.agenciapacourondo.com.ar/generos

                

              

ARGENTINA      noticias propuestas por: Milo Garcia  

       n° 509

  31/03/2019

Frida Khalo