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                                   Qué puede hacer un diputado obrero en el parlamento


Una opinión personal

Esta nota la escribo ANTES de las elecciones, para ser publicada DESPUÉS.



Además del FA y el bloque de partidos de derecha, hay un sector fragmentado de pequeños partidos de izquierda o semi-izquierda, y también un sector fragmentado de pequeños grupos que no participan en las elecciones. Los conceptos que creo importante manejar respecto de las elecciones, son válidos para todos.

Dentro de la campaña electoral de quienes sí participan, se le da un lugar preferencial a lo que puede hacer un "diputado obrero", una voz de los trabajadores, una fuerte bancada que articule con las luchas sociales, o formas parecidas de expresarlo. También en los sectores que podemos llamar socialdemócratas. Y es ĺogico que así sea, porque a continuación se detallan propuestas, medidas programáticas, etc que serían impulsadas de esa forma.

Soy partidario de participar en las elecciones de las instituciones burguesas, entendiendo por tales las formas propias de la sociedad capitalista, en la que vivimos. Cuando nuestras herramientas son insuficientes y llenas de problemas, con más razón tenemos que aprovechar esos espacios. No coincido entonces con los abstencionistas. Hay situaciones en que es preferible el abstencionismo; son excepcionales.

Sin embargo, no puedo estar de acuerdo con los que se presentan a elecciones con esa idea de lo que queremos lograr en esas instituciones, ni que sea así como debemos dirigirnos a las grandes masas, incluyendo los sectores sin mucha politización o conciencia de clase.

El primer tema, en mi opinión, debe ser lo que NO puede hacer un representante de los explotados en la casa de los los explotadores. 

Al recurrir a una herramienta (cualquier herramienta) debemos tener presente la ecuación costo-beneficio que implica, y tener en cuenta además los "costos ocultos". 

Además, lo de diputado 'obrero' tiene algunas cuestiones realmente complicadas, en cuanto a lo que es hoy la clase obrera, su evolución, cambios internos y de relaciones de clase con toda la sociedad, y consecuencias que esto tiene en la actividad política y formas organizativas, que habrá que verlas con calma. 

"El parlamento es la hoja de parra de la dictadura burguesa", dijo una vez uno de los primeros diputados socialistas, el alemán Wilhelm Liebknecht. ¿Qué quiso decir?

Primero: Las instituciones democrático-representativas dentro de sociedad burguesa, con propiedad privada de los medios de comunicación y capacidades muy desiguales de financiación de la actividad política, están sometidas a factores estructurales que limitan ya de entrada la llegada de los representantes políticos de los explotados. Esto se confirma cada vez más cuando vemos la mercantilización de la política en el mundo entero, y en este país también.

Segundo: Ni aun llegando. Está lo que los estadounidenses llaman el "Estado profundo", los resortes estatales que quedan más allá de a donde un parlamento puede llegar. Los bancos centrales (con gran autonomía), las fuerzas armadas (autónomas de hecho, y a veces también de derecho), las instituciones internacionales y los tratados (vemos las contradicciones que se mostraron en el caso de la Unión Europea), También en nuestro país hemos visto todas esas limitantes estructurales de las formas democráticas.

Tercero: El propio parlamento es muy ineficiente y pesado en su propio accionar, eso lo vemos permanentemente. De modo que ya de por sí no va a rendir.

POR LO TANTO hablar y hablar de todo lo que podría hacer un representante de los explotados en la casa de los explotadores sin COMENZAR por señalar todo eso, es, en los hechos, colaborar con ese disfraz democrático de la dictadura burguesa. Todos los programas, propuestas, iniciativas, que se presentan a la gente dándole color, si no se aclaran todas esas limitantes, no hacen otra cosa que ocultar el verdadero problema.

Usar las elecciones está bien. Usarlas, pero no para lo que sirven ¿qué sentido tiene? 

Decía Marx que el significado real de la república burguesa es que "a los oprimidos se les autoriza a decidir una vez cada tantos años qué miembros de la clase opresora han de representarlos y a a su vez aplastarlos."

Voy a tomar conceptos del destacado politólogo alemán Claus Offe, que toma por base una idea de Rosa Luxemburgo pero la desarrolla más ampliamente en el contexto más cercano en el tiempo. Esto es de "Democracia de competencia entre partidos y Estado de bienestar". 

Cita una idea de Max Weber de que los sindicatos y el partido "constituyen un contrapeso muy importante frente al poder típicamente real e irracional del populacho en la calle". 

"Rosa Luxemburgo analiza también la dinámica de las organizaciones políticas de masas, y sólo se diferencia de lo anterior en su valoración inversa. Según ella, la tendencia del equipo burocrático de dirección de estas organizaciones obreras (partido y sindicatos, con tendencia a seguir estrategias especializadas por una división tácita del trabajo) a dominar más que a servir a las masas, es «un fuerte impulso por hacerse independientes», «supervalorar la organización que se transforma en un fin en sí misma»... al organizarse la participación política de masas por una organización burocrática a gran escala (competencia electoral y negociación institucionalizada) la dinámica de esta forma frena, pervierte y obstruye el interés de la clase y la política de clase, y de esta manera se abre paso al oportunismo, según Rosa Luxemburgo. Cuando la voluntad popular se expresa a través del partido competitivo que trata de acceder al gobierno, lo que expresa deja de ser la voluntad popular, y es un artefacto que cobra la forma y desarrolla una dinámica de acuerdo a los imperativos de la competencia política". 


En el escenario concreto de que estamos hablando, queda la duda de cómo opera esto cuando la "organización burocrática de gran escala" es en realidad de muy pequeña escala. Si los otros factores son similares, lo que digo es que esa pequeñez se compensa, y el fenómeno se verifica en forma más o menos parecida, cuando los "costos ocultos" de la participación en las instituciones burguesas se combinan con un elemento muy característico de la pequeña escala: el sectarismo. Nos detendremos en eso, pero antes sigamos con Offe.

Lo que este autor analiza es la forma en que se ha logrado la compatibilidad, a lo largo del siglo XX (y veremos en qué grado hasta ahora): "El sistema de partidos ha sido el medio de reconciliar el sufragio universal igualitario con el mantenimiento de una sociedad de desiguales".

 "Sistema de partidos" es lo que por nuestra cuenta hemos llamado más de una vez PARTIDOCRACIA. Estrictamente hablando, en Uruguay no hay una democracia (gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo) sino una partidocracia, un régimen político-institucional en el cual el representante más bien se representa a sí mismo, y rebaja al representado a la condición de cliente de este "mercado" de partidos políticos competitivos. Esto implica, para Offe:

> Maximizar el voto es minimizar lo programático. (En nuestro ambiente, "para que la gente te entienda").

> Estructura centralizada de marketing político con las tareas propias de cualquier organización de ventas: obtener recursos, distribuir propaganda, silenciar los conflictos internos, dirección de funcionarios.

> Desactivación de las bases. 

"Esta importancia desigual de lo interno y lo externo se ve cuando el resultado de una encuesta de opinión sugiere posiciones en conflicto con la voluntad de los miembros del partido: se les presiona para que admitan la«realidad política» en interés de «la victoria en las próximas elecciones»".

En este punto hemos tenido en Uruguay un ejemplo de libro: cuando en el congreso del FA previo a su llegada al gobierno hubo una discusión entre Hugo Cores y Eleuterio Fernández Huidobro sobre la ley de impunidad, y la resolución de no cuestionar esa ley en la campaña electoral (lo que permitió además a la burocracia frentista dar un paso más y tomar eso como un compromiso de mantener esa ley).

Esta es la idea eje de Offe:

"La compatibilidad entre capitalismo y democracia ha surgido históricamente por la aparición y desarrollo gradual de dos principios mediadores: a) partidos políticos de masas y competencia entre partidos; b) Estado de bienestar keynesiano. O sea, lo compatible es una versión específica de democracia (grado de igualdad política y de participación de masas) con un tipo específico de capitalismo".

Esa compatibilidad tiene sus límites, y allí vemos mencionado uno de ellos, que Offe desarrolla en varios de sus trabajos: los límites del Estado de bienestar. En Nuestra América hemos vivido un desarrollo relativo de un Estado de bienestar de una forma particular, la que es compatible con el capitalismo periférico. Y eso implica claramente una vulnerabilidad concreta: la fase expansiva dentro del ciclo de una economía capitalista dependiente está atada al impacto que surja del ciclo de la economía capitalista global.

En primer lugar, ese "Estado de bienestar" es muy relativo, y no siempre muy keynesiano. Es un "bienestar" muy desigual. Y en segundo lugar, de trecho corto. Los problemas de ese débil Estado de bienestar tendrán su correlato en los problemas de la "convivencia democrática".

Antes de continuar repito, soy partidario de presentarse a elecciones, usarlas, y usar (ya ahí es menos importante) el parlamento. Las elecciones nos sirven, Engles lo señalaba hace más de cien años, para dos cosas. La nota de Engels fue recortada por la dirección del Partido Socialdemócrata Alemán, porque no se adaptaba a su estrategia electoral. Si saber eso, Rosa Luxemburgo tomó las ideas correctas que allí había e hizo por su cuenta algunas observaciones críticas. Es notable que coincidiesen casi por completo con los pasajes censurados, que ella desconocía. Si embargo, aun así, lo de Engels tenía algunas limitaciones. Esas dos cosas son:

> Como tribuna para dirigirnos a las grandes masas, a las cuales muchas veces no llegamos en la actividad política y sindical cotidiana. Voy a poner una analogía, tomada de la película "Butch Cassidy" (George Roy Hill, 1969). Es eso, una analogía.

La banda de pistoleros toma el pueblo, roba el banco, sale rajando. El sheriff quiere formar una milicia ciudadana de voluntarios para ir a perseguirlos. Reúne a la gente en la plaza del pueblo en una asamblea. Se da una discusión, y al final pregunta si alguien tiene algo más para decir. "Yo", salta por ahí un desconocido, que pasa al frente. "Lo que importa es el futuro. ¿Y qué es el futuro? Esto es el futuro". Y levanta una bicicleta. Era novedad en el Oeste en ese tiempo, y el tipo era un vendedor de bicicletas.

-¿Pero qué hace? -dice el sheriff- Esto es para otra cosa.

-Bueno, usted juntó a la gente, ahora déjeme hacer lo mío.

Falso y todo como es, el mecanismo electoral junta a la gente. Lo que tenemos que hacer es usarlo para hacer lo nuestro, y lo nuestro es el futuro.

> Como forma de contar nuestras fuerzas. Por todo lo que ya dijimos es una forma relativa. Pero si nos comparamos con nosotros mismos en el tiempo tendremos una medida de si crecemos o nos reducimos, y de cuáles son los obstáculos para nuestra unidad. En ese sentido, los resultados son patéticos. Precisamente de eso se trata.

Vamos entonces a uno de los argumentos más usado, la posibilidad de articular una voz en el parlamento con la movilización social. Hay una idea implícita allí, que a veces se hace explícita: "La gente necesita una dirección".

En realidad yo la veo así: Esa supuesta dirección (cualquiera de las que disputan entre sí ese lugar) ¡NECESITA UNA GENTE!

Y acá llegamos a la otra parte de nuestro tema hoy. Al entrar en crisis el Estado de bienestar que podía ser la base para esa contención política de los partidos reformistas, aparecen los "desbordes populistas". Es lo que vemos hoy en Nuestra América. Dejemos de lado la respuesta de la derecha, sean los gobiernos, los militares, los académicos, los medios de comunicación. Vayamos al discurso de la izquierda que mencionamos, la "articulación".

El gran problema es que son ritmos y dinámicas muy diferentes. ¿Qué articulación hubo en Ecuador o en Chile? ¿O en Puerto Rico? Ni siquiera en Haití donde hay levantamiento extendido que lleva meses de desarrollo, han podido las instancias parlamentarias llegar a acoplar. El parlamento es otro mundo, no acoplan con la calle por una razón fundamental: están hechos para todo lo contrario, ver más arriba Max Weber.

Además, como bien se sabe, las revoluciones populares crean sus propias instituciones representativas y no se constriñen a lo existente. Estas rebeliones que hoy comienzan, ya comienzan bien. Y uno de los factores que aparece con toda claridad es que no hay diálogo posible entre esos dos mundos. "Alienígenas".

Pero no demos tanta vuelta, vayamos a la experiencia de la "articulación uruguaya": El caso José Germán Araújo. 

Ahí sí hubo una articulación entre la movilización popular de masas en la calle y un representante parlamentario. Pero eso es pecado mortal, fue la causa explícita por la que Araújo fue inmediatamente expulsado. Para eso sirve el parlamento, para que te echen. 

También sirve para renunciar. Tres diputados electos por el FA renunciaron a sus bancas para no acompañar el voto para autorizar la ocupación militar de Haití. Fuera de eso, lo que se pueda obtener en el parlamento depende de lo que pasa fuera del parlamento.

Siguiendo a Offe, en esta época de "movimiento sociales alternativos" que operan por fuera de esa lógica institucional propia del equilibrio partidocracia-goteo distributivo, cuando esta deja de actuar, la articulación, o bien se invierte, o desaparece completamente. Por ahora desaparece, es lo que vemos en esos casos mencionados.

Lo otro que Offe plantea es el partido de nuevo tipo: un partido "porteador" que no pretenda bajar linea sino ser portavoz del movimiento social, "brazo institucional". Por cierto que este cambio de rol implica muchas cosas, entre otras cambiar la "teoría del partido". Es (o debería ser) consecuencia de cambio de realidad. Tarea pendiente.

Una de las cosas que se necesita es ABANDONAR ese característico agrandamiento de las expectativas y la importancia lo que podría hacer ese supuesto representante en el parlamento, que es un discurso de vendedor político-electoral, y pasar a un descreimiento y denuncia de la trampa electoral sistemática. 

"Pero así no nos va a votar nadie", nos dirán. Precisamente, esa es la trampa del sistema. Termina importando más el resultado electoral inmediato que la preparación político-estratégica para la lucha de clases. Eso que citamos de Rosa Luxemburgo: lo que era un medio para un fin termina siendo un fin en si mismo.

Esa dinámica hace también que surja una distorsión misma en la percepción de los objetivos, y entonces, en los objetivos. Ya no solo lo que se dice sino realmente lo que se hace. Tomaré acá una idea de Maquiavelo que dice que mi vecino es mi enemigo

Es a mi vecino político a quien tendré que disputarle los votos. Eso, que es una consecuencia de la dinámica de sistema de partidos competitivos, me lleva a exagerar las diferencias y a confundir los alineamientos necesarios. Por ejemplo, hemos visto a dos candidatos de dos pequeños nuevos partidos "verdes" que por poco se agarran a las piñas en un debate. ¿Por qué se peleaban? Por una banca. Es solamente un ejemplo, esa dinámica abarca a todo el espectro político. Pero lo peor es que distorsiona el pensamiento político mismo y trae consecuencias muy graves. Dentro del enemigo en general, el enemigo principal inmediato y de donde va a venir la dirección del golpe principal, deja de ser principal.

Y al final ni para conseguir votos sirve. La gente, los posible compradores del producto político, tienen adentro un instinto de clase. Y terminan rechazando al vendedor. ¿Por qué? Porque es un vendedor.

Voy a terminar acá esta nota, las ideas aquí someramente expuestas deberán ser desarrolladas de a poco. Pero quiero terminar con un homenaje al primer diputado socialista en el parlamento en Nuestra América, el argentino Alfredo Palacios, que llegó allí por primera vez en 1904. Primera vez, porque nunca pudo terminar ninguno de mandatos, lo sacaba un golpe de estado, y la última vez la muerte. Hizo mucho dentro del parlamento, logró numerosas leyes para mejorar las condiciones de los trabajadores, fue uno de los pioneros en levantar la causa de la emancipación de la mujer. Pero quiero hablar de otra cosa.

Poco antes de morir, en su último mandato y siendo un hombre muy mayor, se enteró de que la policía tenía montado un lugar de detención y tortura clandestino. Tomo su revólver que no faltaba, lo mismo que su bastón-estoque, su poncho, su gran sombrero y sus grandes bigotes, porque el tipo era un histrión, y por supuesto gran orador, dentro y fuera del parlamento.

Para esta operación necesitaba cuidar su la retaguardia con un periodista que tuviese un arma más peligrosa todavía: una cámara. Lo encontró, y fueron ambos a ese lugar, y entró por la fuerza.

Tenía un bufo, pero también tenía un fuero. Los milicos arrugaron. Se dio el lujo de hacerlos posar con él encañonándolos, porque como dije, este viejo socialdemócrata reformista era además un teatrero. Luego sacaron fotos de las cadenas en el sótano y las máquinas de tortura. Es el ejemplo más claro que recuerdo del uso revolucionario de una banca parlamentaria.

Fernando Moyano

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        n° 516

31/10/2019

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